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David: del rebaño al reino · Parte 2 de 20 · 4 min

Dios mira el corazón

Samuel estaba triste por lo que ocurría con el rey Saúl. Dios le indicó que fuera a Belén, a la casa de Isaí. Entre los hijos de aquel hombre había elegido a quien sería rey en el futuro.

El viaje requería prudencia. Saúl seguía reinando, y Samuel sabía que podía enojarse. Dios le dio instrucciones para ir a ofrecer un sacrificio. Samuel preparó lo necesario y llevó también un cuerno que contenía aceite.

Samuel llega a Belén en paz.
Samuel llega a Belén en paz.

Cuando Samuel llegó a Belén, los ancianos del lugar salieron a recibirlo con inquietud. Él explicó que venía en paz. Invitó a Isaí y a sus hijos a participar, y la familia se preparó para aquella ocasión.

Samuel vio a Eliab, uno de los hijos mayores. Su apariencia parecía adecuada para un rey. Por un momento, Samuel pensó que seguramente estaba delante del elegido. Pero mirar a una persona no era conocer todo su corazón.

Dios corrigió aquella primera impresión. La altura y el aspecto no decidían su elección. Las personas ven lo que está delante de sus ojos; Dios conoce lo que hay por dentro, incluso cuando otros no lo pueden ver.

Los hijos mayores de Isaí pasan ante Samuel.
Los hijos mayores de Isaí pasan ante Samuel.

Después se acercaron otros hijos de Isaí. Uno tras otro pasaron ante Samuel. Ninguno era el que Dios había escogido para aquella misión. La reunión continuaba, pero faltaba alguien que no había sido llamado todavía.

Samuel preguntó si aquellos eran todos los hijos. Isaí explicó que quedaba el menor. David estaba afuera, cuidando las ovejas. Mientras sus hermanos estaban reunidos, él seguía atendiendo el trabajo que le correspondía en el campo.

Samuel pidió que fueran a buscarlo. No continuarían sin él. Así llegó el mensaje hasta el pastor: debía ir a encontrarse con su familia y con el visitante que había venido a Belén por indicación de Dios.

David deja el campo para acudir al llamado.
David deja el campo para acudir al llamado.

David entró. Era joven y tenía un aspecto saludable. Esta vez Samuel no tuvo que adivinar por su apariencia. Dios le indicó que aquel era el elegido y que debía ungirlo, tal como le había mandado.

Samuel tomó el cuerno y derramó aceite para ungir a David delante de sus hermanos. Era una señal de la tarea que Dios le confiaba para el futuro. El Espíritu de Dios comenzó a acompañarlo de una manera especial.

No apareció un trono en la casa de Isaí. Saúl seguía siendo rey. David no salió a mandar a todo el pueblo ni a exigir una corona. Aún tendría mucho que aprender antes de ocupar aquella responsabilidad.

Samuel unge a David con aceite.
Samuel unge a David con aceite.

Samuel regresó a su casa, y David continuó su camino de preparación. Dios no lo había olvidado entre las ovejas. Aquel día mostró que podía ver al hijo menor y conocer su corazón, aunque otras personas miraran primero lo de afuera.

Basado en 1 Samuel 16:1-13 · Patriarcas y profetas, 62.

Para conversar en familia

  • Humildad
  • Fe
  • Obediencia

Versículo para memorizar

“pero Jehová mira el corazón”

1 Samuel 16:7 · fragmentoRVR1960

  1. ¿Por qué Samuel no debía elegir solo por la apariencia?
  2. ¿Dónde estaba David al comenzar la reunión?
  3. ¿Qué cambió y qué no cambió cuando David fue ungido?

Actividad · 2–5 minutos

Mirar con atención

Doblen una hoja para hacer una tarjeta. Afuera dibujen una cara; adentro, con ayuda, dibujen una acción bondadosa que esa persona puede hacer. Compartan las tarjetas y nombren cualidades que se conocen escuchando y conviviendo, más allá de la apariencia.

Para practicar hoy: Escucha y conoce a una persona antes de decidir cómo es.

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