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David: del rebaño al reino · Parte 1 de 20 · 4 min

El pastor de las colinas

Alrededor de Belén, las colinas se extendían bajo el cielo. Allí vivía David, el hijo menor de Isaí. Mientras sus hermanos mayores atendían otros asuntos, él salía al campo con las ovejas de la familia.

El rebaño necesitaba un pastor atento. Las ovejas no podían buscar solas todos los lugares seguros. David debía acompañarlas, encontrar alimento y llevarlas donde pudieran beber. Aquella tarea sencilla ocupaba muchas horas de sus días.

Las colinas de Belén, donde vive David.
Las colinas de Belén, donde vive David.

Al caminar, aprendía a conocer el terreno. Un sendero podía subir entre piedras; otro llevaba hacia la hierba. David observaba por dónde avanzaban los animales y no podía olvidarse de ellos para entretenerse con otra cosa.

También había agua para buscar. El pastor guiaba a su rebaño hasta un lugar donde pudiera acercarse a beber. Esperar mientras las ovejas descansaban era parte del trabajo, tanto como conducirlas cuando llegaba el momento de seguir.

En el campo, David contemplaba las cosas que Dios había creado. Las colinas, los árboles y el cielo le recordaban su cuidado. Su vida tenía momentos tranquilos, pero ser pastor no significaba estar siempre libre de peligro.

David acompaña al rebaño de su familia.
David acompaña al rebaño de su familia.

Mucho después, David contó que un león y un oso habían amenazado al rebaño. Él había defendido a sus ovejas. No era una aventura para divertirse: estaba protegiendo a los animales que le habían confiado.

David no pensaba que toda aquella fuerza venía solamente de él. Al recordar esos peligros, reconoció que Dios lo había librado. Su confianza fue creciendo mientras cumplía su trabajo y aprendía a buscar ayuda en Dios.

Sin embargo, la mayoría de sus tareas no parecía extraordinaria. Había que seguir caminando, cuidar el rebaño y estar pendiente de lo que necesitaba. David no tenía una multitud alrededor para celebrar cada cosa que hacía.

El pastor lleva a las ovejas al agua.
El pastor lleva a las ovejas al agua.

También aprendía a hacer música. Con su instrumento podía expresar gratitud y pensar en Dios. En aquellas colinas, su voz y sus melodías acompañaban una vida que todavía estaba muy lejos de los salones de un palacio.

Al acercarse el atardecer, el paisaje cambiaba de color. Las ovejas necesitaban seguir juntas y quedar al cuidado de su pastor. El día no terminaba cuando David se cansaba, sino cuando había atendido su responsabilidad.

Nadie que mirara solamente al muchacho con sus ovejas habría visto una corona. David era un pastor joven, aprendiendo a cuidar. Dios conocía su vida en el campo, sus decisiones y aquello que llevaba en el corazón.

David cuida el rebaño al caer la tarde.
David cuida el rebaño al caer la tarde.

Antes de dirigir a muchas personas, David tuvo ovejas que acompañar y tareas que terminar. Las colinas fueron un lugar de aprendizaje. Allí crecía un muchacho que podía confiar en Dios mientras cuidaba lo que tenía cerca.

Basado en 1 Samuel 16:11; 17:34-37 · Patriarcas y profetas, 62.

Para conversar en familia

  • Cuidado
  • Responsabilidad
  • Confianza en Dios

Versículo para memorizar

“Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón”

Salmos 78:72 · fragmentoRVR1960

  1. ¿Qué necesitaban las ovejas de su pastor?
  2. ¿A quién dio gracias David al recordar los peligros?
  3. ¿Qué tarea pequeña puedes terminar hoy?

Actividad · 2–5 minutos

Cuidar algo cercano

Elijan una planta de casa. Con un adulto, miren si necesita agua y retiren hojas caídas de alrededor. Decidan quién la observará mañana. Después, cada persona nombra otra tarea pequeña que ayuda a cuidar el hogar de toda la familia.

Para practicar hoy: Pide ayuda para elegir una responsabilidad que puedas cumplir con cuidado.

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Página para colorear

Abre la actividad interactiva o prepara la hoja imprimible para casa, clase o familia.

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