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David: del rebaño al reino · Parte 5 de 20 · 4 min

Un amigo que cumple su palabra

Después de lo ocurrido con Goliat, David habló con el rey Saúl. Allí estaba también Jonatán, el hijo del rey. Había escuchado al joven pastor, y entre los dos comenzó una amistad que sería muy importante en los años siguientes.

Jonatán era un príncipe, pero no trató a David como si valiera menos por venir del campo. Reconoció en él a alguien cercano a su corazón.

David y Jonatán comienzan una amistad.
David y Jonatán comienzan una amistad.

Los dos hicieron un pacto de amistad. Un pacto era una promesa seria. Querían tratarse con lealtad y cuidar el bien del otro. Para Jonatán, aquello significaba abrir espacio en su vida a una persona que acababa de conocer.

Entonces Jonatán tomó el manto que llevaba y se lo dio a David. También compartió otras pertenencias, entre ellas su cinturón y su equipo. No era necesario convertir aquellos objetos en el centro de su amistad: importaba el gesto generoso.

Un manto de príncipe podía llamar la atención. Pero David no recibió con él el derecho de mandar sobre Jonatán. El regalo expresaba afecto y confianza. Podían tener familias y responsabilidades distintas y, aun así, reconocerse como amigos.

Jonatán entrega su manto a David.
Jonatán entrega su manto a David.

Saúl dejó a David a su servicio. El muchacho ya no volvió a quedarse permanentemente en casa de su padre. Comenzaba una etapa nueva, con encargos del rey, personas por conocer y decisiones que tomar lejos de las colinas.

David cumplía sus tareas con prudencia. Saúl le dio responsabilidades entre sus hombres, y muchas personas lo recibieron con agrado. Jonatán no necesitó apagar esa alegría para sentirse importante. La amistad podía alegrarse cuando al otro le iba bien.

Sin embargo, los días no siempre fueron fáciles. Con el tiempo, el enojo y los celos de Saúl pusieron a David en peligro. Jonatán tendría que decidir si su promesa seguiría importando cuando ayudar a su amigo resultara difícil.

Los amigos conversan con confianza.
Los amigos conversan con confianza.

En una conversación posterior, Jonatán habló también de su familia. Pidió que David mantuviera su bondad hacia él y hacia los suyos en el futuro. Su amistad no debía terminar en un regalo hermoso ni en un día agradable.

Los dos renovaron su promesa. Jonatán quería a David y confiaba en aquella amistad. Ninguno podía ver todo lo que vendría después, pero podían comprometerse a recordar al otro y a actuar con bondad cuando llegara la ocasión.

Muchos años pasarían antes de que aquella petición sobre la familia tuviera una respuesta especial. Por ahora, quedó guardada como una palabra que debía cumplirse. Las promesas importantes no necesitan repetirse a gritos para merecer nuestra atención.

Jonatán y David se prometen bondad y lealtad.
Jonatán y David se prometen bondad y lealtad.

Así creció la amistad de David y Jonatán: con cariño, generosidad y una palabra seria. El manto era visible; la lealtad debía mostrarse en decisiones. Y aquel comienzo preparó una historia de cuidado que todavía tenía mucho por contar.

Basado en 1 Samuel 18:1-5; 20:14-17 · Patriarcas y profetas, 64.

Para conversar en familia

  • Amistad
  • Generosidad
  • Compromiso

Versículo para memorizar

“Jehová esté entre tú y yo”

1 Samuel 20:42 · fragmentoRVR1960

  1. ¿Qué compartió Jonatán con David?
  2. ¿Por qué una promesa de amistad vale más que un regalo?
  3. ¿Qué pidió Jonatán para su familia en el futuro?

Actividad · 2–5 minutos

Una promesa posible

Cada persona elige una promesa pequeña para hoy, como devolver un juguete prestado o ayudar a ordenar después de jugar. Dibújenla en una tarjeta. Al terminar el día, revisen juntos lo ocurrido y agradezcan cada esfuerzo por cumplir la palabra dada.

Para practicar hoy: Elige promesas que puedas cumplir y pide ayuda si necesitas reparar una que olvidaste.

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Actividades de esta historia

Juega en línea o imprime materiales para casa, clase y familia.