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Historia bíblica · Parte 10 de 10 · 4 min

¡Yo soy José!

Judá se había ofrecido a quedarse en Egipto para que Benjamín pudiera volver con su padre. Al escucharlo, José comprendió cuánto habían cambiado sus hermanos.

José ya no pudo contener las lágrimas.

Pidió a todos los sirvientes que salieran de la habitación. Entonces lloró tan fuerte que la gente de afuera pudo oírlo.

Los sirvientes dejaron a José a solas con sus hermanos.
Los sirvientes dejaron a José a solas con sus hermanos.

“¡Yo soy José!”, dijo a sus hermanos. “¿Vive todavía mi padre?”.

Sus hermanos estaban demasiado asustados y sorprendidos para responder.

José los invitó a acercarse.

“No tengan miedo”, dijo con dulzura. “Ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios usó lo sucedido para salvar muchas vidas. Dios me envió aquí antes que ustedes para que nuestra familia pudiera vivir”.

José no eligió la venganza. Eligió el perdón.

José abrazó a Benjamín y los dos hermanos lloraron. Después abrazó al resto de sus hermanos y les habló con cariño.

José revela quién es y abraza a Benjamín mientras sus hermanos observan
José perdonó a sus hermanos y abrazó a Benjamín.

Cuando el faraón supo que la familia de José había llegado, se alegró.

“Traigan a su padre y a todas sus familias a Egipto”, dijo el faraón. “Lo mejor de la tierra será para ustedes”.

José dio a sus hermanos carros, alimento, ropa y todo lo que necesitaban para el viaje.

Cuando los hermanos llegaron a Canaán, corrieron hasta Jacob.

“¡José está vivo!”, exclamaron. “¡Es gobernador de todo Egipto!”.

Al principio, Jacob no pudo creerles. Pero cuando oyó el mensaje de José y vio los carros que había enviado, la esperanza regresó a su corazón.

Jacob escuchó que José estaba vivo y vio los carros que había enviado.
Jacob escuchó que José estaba vivo y vio los carros que había enviado.

“Mi hijo José está vivo”, dijo Jacob entre lágrimas de alegría. “Iré a verlo antes de morir”.

Jacob reunió a toda su familia y comenzaron el viaje hacia Egipto.

Durante el viaje, Dios habló con Jacob en la noche.

“No tengas miedo de ir a Egipto”, le dijo Dios. “Yo estaré contigo”.

Por fin, José supo que su padre estaba cerca.

Preparó su carro y se apresuró a encontrarlo.

José bajó de su carro y corrió hacia él.

José lo abrazó y lloró durante mucho tiempo. Jacob sostuvo al hijo que había creído perdido para siempre.

José y Jacob se abrazan con alegría después de muchos años separados
Después de muchos años separados, José y su padre estaban juntos de nuevo.

La familia de José estaba unida otra vez. Los años de tristeza no habían sido olvidados, pero Dios había hecho surgir de ellos esperanza, perdón y una nueva vida.

José había aprendido que el perdón es más fuerte que el enojo, que el amor es más fuerte que los celos y que Dios puede seguir obrando incluso cuando su plan es difícil de comprender.

Adaptación basada en Génesis 45; 46:1–7, 28–30

Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 21