Parábola de Jesús · Parte 3 de 20 · 3 min
Un padre que esperaba un abrazo
Jesús habló de un padre que tenía dos hijos. Un día, el menor le pidió la parte de los bienes que le correspondería.
El padre se la dio, y el hijo se fue a un país lejano. Allí gastó lo que tenía sin cuidarlo. Al principio creyó que todo sería fácil.
Pero el dinero se terminó. Además, hubo una gran falta de comida en aquel lugar.
El joven consiguió trabajo cuidando cerdos.
Tenía tanta hambre que deseaba comer lo que comían los animales. Nadie le daba lo que necesitaba.

Entonces se detuvo a pensar. En la casa de su padre, hasta los trabajadores tenían pan suficiente.
Decidió regresar. Reconocería que había hecho mal y pediría trabajar allí. Ya no esperaba recibir los honores de un hijo.
Comenzó el largo camino de vuelta.
Su padre lo vio cuando todavía estaba lejos.
No esperó sentado para regañarlo. Corrió hacia él, lo abrazó y lo besó.
El hijo comenzó a pedir perdón. Pero su padre mandó traer ropa, un anillo y sandalias. Prepararían una fiesta.
«¡Mi hijo ha vuelto! Vamos a celebrar. Estaba perdido, y lo hemos encontrado».

El hermano mayor estaba en el campo. Cuando oyó la fiesta, se enojó y no quiso entrar. Él siempre había trabajado junto a su padre.
El padre también salió a hablar con él. Lo amaba, y quería que compartiera la alegría por su hermano.
Jesús nos enseñó cómo nos recibe Dios cuando volvemos a él. Podemos reconocer nuestros errores, pedir perdón y aprender a vivir de otra manera.
Y cuando otra persona recibe una nueva oportunidad, podemos alegrarnos. El amor del Padre es suficiente para todos sus hijos.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Lucas 15:11–32.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 16: La rehabilitación del hombre. Leer la referencia
