Parábola de Jesús · Parte 1 de 20 · 3 min
La ovejita que se perdió
Jesús estaba rodeado de personas que querían escucharlo. Algunos pensaban que había gente que no merecía acercarse a él. Pero Jesús conocía el valor de cada persona.
Entonces contó una historia sobre un pastor y sus cien ovejas.
El pastor las llevaba a lugares donde había hierba y agua. Conocía a sus ovejas y cuidaba de ellas. Al terminar el día, las reunió y comenzó a contarlas.
Una, dos, tres… ¡Faltaba una ovejita!
No dijo: «Todavía tengo muchas. Una menos no importa». Aquella ovejita también era suya, y la quería.
Dejó a las demás en el campo y salió a buscar a la que se había perdido.
El pastor caminó entre las colinas.
Miró detrás de las piedras. Buscó por los caminos. Escuchó con atención, esperando oír un pequeño balido.

Quizá la ovejita estaba cansada. Quizá no sabía cómo regresar. El pastor siguió buscando hasta encontrarla.
¡Allí estaba!
Se acercó con cuidado. No la dejó caminar sola por el camino difícil.
La levantó y la puso sobre sus hombros.
Ahora la ovejita podía descansar. Su pastor la llevaba de vuelta.
Cuando llegó, llamó a sus amigos y vecinos para compartir la alegría.
Había encontrado a su oveja perdida.

Jesús explicó que en el cielo también hay alegría cuando una persona vuelve a Dios.
Tú no eres un número dentro de un montón de personas. Dios te conoce y te ama.
Si has hecho algo malo, puedes hablar con él y pedirle ayuda para cambiar. Su amor no se acaba porque hayas cometido un error.
Y si un amigo se queda solo, podemos acercarnos con cariño. Cada persona importa.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Lucas 15:3–7.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 15: La esperanza de la vida. Leer la referencia
