Parábola de Jesús · Parte 2 de 20 · 3 min
La moneda que faltaba
Jesús contó otra historia para mostrar cuánto vale cada persona para Dios.
Una mujer tenía diez monedas de plata. Eran importantes para ella. Un día, cuando las contó, descubrió que faltaba una.
Volvió a mirar. Una, dos, tres… nueve. ¡La décima moneda no estaba!
La moneda no podía llamar ni caminar de regreso. La mujer tendría que buscarla.
Encendió una lámpara para iluminar su casa.
La luz llegó a los rincones oscuros. La mujer miró cerca de sus cosas y junto a la pared. Todavía no aparecía la moneda.
Entonces tomó una escoba.
La mujer comenzó a barrer el suelo.
Apartó el polvo con cuidado. Se agachó para mirar mejor. No quería dejar un rincón sin revisar.

Aunque todavía tenía nueve monedas, siguió buscando. La que faltaba también tenía valor.
De pronto vio un pequeño brillo.
Se acercó y recogió la moneda. ¡Era la que había perdido!
Su preocupación se convirtió en alegría. Quiso compartir aquella buena noticia.
«¡La encontré! Vengan a alegrarse conmigo».
Llamó a sus amigas y vecinas. Todas pudieron alegrarse por la moneda encontrada.

Jesús explicó que los ángeles de Dios se alegran cuando una persona deja el mal y vuelve a él.
La moneda seguía siendo valiosa aunque estuviera en el polvo. Del mismo modo, cada persona sigue siendo valiosa para Dios.
Podemos ayudar a un niño nuevo a sentirse acompañado. Podemos escuchar a alguien que está triste y pedir ayuda a un adulto si la necesita.
No hace falta ser grande o famoso para importar. Dios te ama y quiere que estés cerca de él.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Lucas 15:8–10.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 15: La esperanza de la vida. Leer la referencia