Daniel y sus amigos: fieles lejos de casa · Historia 1 · 4 min
Cuatro amigos lejos de casa
Daniel miró el camino que se extendía delante de él. Ya no estaba cerca de su casa en Judá. El ejército de Babilonia había vencido a Jerusalén, y algunos jóvenes habían sido llevados lejos de sus familias.
El viaje era largo. Los pasos de la caravana continuaban sobre la tierra seca, mientras el paisaje cambiaba. Había muchas cosas que Daniel no podía escoger. Sin embargo, todavía podía recordar lo que había aprendido acerca de Dios.

Con él iban Ananías, Misael y Azarías. Los cuatro compartían la misma fe. Tener amigos cerca no hacía desaparecer la tristeza, pero les daba compañía en un lugar desconocido.
Al llegar, vieron las grandes puertas de Babilonia. La ciudad tenía edificios enormes, muchas personas y palabras que sonaban diferentes. Todo parecía nuevo: las calles, la ropa y la manera de vivir.

El rey Nabucodonosor quería jóvenes que aprendieran a trabajar en su palacio. Había ordenado que escogieran muchachos capaces de estudiar y comprender cosas nuevas. Daniel y sus tres amigos estaban entre ellos.
Un funcionario llamado Aspenaz estaba encargado de su preparación. Durante tres años debían aprender la lengua y los conocimientos de Babilonia. Después se presentarían para servir ante el rey.
Aprender otro idioma requería atención. Los amigos tendrían que escuchar, recordar y practicar. No habían llegado allí de vacaciones: estaban lejos de casa y necesitaban aprender a vivir en una situación difícil.
En el palacio también recibieron nombres nuevos. A Daniel lo llamaron Beltsasar. Ananías recibió el nombre Sadrac; Misael, Mesac; y Azarías, Abed-nego. Por eso más adelante encontraremos esos nombres en sus historias.

Pero un nombre diferente no podía borrar lo que llevaban en el corazón. Ellos podían seguir amando a Dios, aunque otras personas no compartieran su fe. Tampoco necesitaban burlarse de quienes vivían de otra manera.
Cada día traería decisiones pequeñas y grandes. Podían ayudarse a recordar lo correcto, tratar a los demás con respeto y pedir a Dios sabiduría para aprender sin olvidar sus principios.
Los cuatro amigos estaban lejos de sus hogares, pero no tenían que enfrentar todo solos. Su amistad podía ser un lugar de ánimo: una mano que ayuda, alguien que escucha y un compañero que recuerda el bien.

Nosotros también podemos acompañar a quien llega a un lugar nuevo. Podemos presentarnos, explicar con paciencia y dejar espacio para que participe. Una bienvenida amable hace que lo desconocido sea un poco menos difícil.
Basado en Daniel 1:1–7 · Profetas y reyes, 39.
Para conversar en familia
- Amistad
- Confianza en Dios
- Respeto
- ¿Quiénes acompañaron a Daniel a Babilonia?
- ¿Qué cosas nuevas tenían que aprender?
- ¿Cómo podemos recibir a alguien que llega por primera vez?
Actividad · 2–5 minutos
Una bienvenida amable
Imaginen que un familiar llega a un juego que no conoce. Preséntense, expliquen una regla sencilla e invítenlo a participar. Después cambien de papel para que todos practiquen recibir ayuda y ofrecerla.
Para practicar hoy: Puedo dar una bienvenida amable.
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Laberinto
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