Siguiendo a Jesús · Parte 4 de 40 · 2 min
Una casa para orar
Jesús fue a Jerusalén para la Pascua. Entró en el templo, el lugar al que las personas llegaban para adorar a Dios.
Pero una parte del patio se había convertido en un mercado ruidoso. Se vendían animales, y los cambistas trabajaban en sus mesas.
Las monedas sonaban sobre las mesas.
El ruido y las compras dificultaban la oración. Jesús vio que la casa de su Padre estaba siendo tratada como un negocio.
Con firmeza pidió a los vendedores que retiraran sus cosas. Volcó las mesas de los cambistas y sacó a los animales.

Jesús no buscaba dinero ni poder para sí mismo. Quería que las personas tuvieran espacio para acercarse a Dios.
Los dirigentes preguntaron qué le daba derecho a actuar así. Jesús habló del templo de su propio cuerpo, aunque entonces no lo comprendieron.
Sus amigos entenderían esas palabras después de que él resucitara.
Un lugar de oración debe recibir a quienes necesitan a Dios. Podemos ayudar hablando con calma, escuchando y dejando espacio para otros.
Jesús nos enseña que amar a Dios importa más que conseguir cosas para nosotros mismos.
Relato basado en Juan 2:13–22.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 16. Abrir el libro