Parábola de Jesús · Parte 14 de 20 · 3 min
Una gran cena para todos
Jesús contó la historia de un hombre que preparó una gran cena.
Había invitado a muchas personas. Cuando llegó la hora, envió a su siervo para decirles que todo estaba listo.
Pero los invitados comenzaron a dar excusas.
Uno quería ir a ver un campo que había comprado. Otro quería probar sus animales de trabajo. Otro dijo que se había casado y no podía ir.
El siervo regresó y se lo contó a su señor.
El señor mandó buscar a otras personas.
Quería que vinieran personas pobres, personas que no podían ver y personas que necesitaban ayuda para caminar.

El siervo hizo lo que le habían pedido. Pero todavía quedaban lugares.
Entonces el señor lo envió también por los caminos, para invitar a quienes encontrara y llenar la casa.
«Vengan. Todavía hay lugar en la mesa».
La mesa estaba preparada para recibirlos.

Jesús mostró que la invitación de Dios es generosa. No está reservada solamente para quienes tienen dinero, prestigio o una vida fácil.
Él nos llama a recibir su amor.
Los primeros invitados dejaron que otras cosas ocuparan el lugar de aquella invitación.
Nosotros también podemos olvidar lo importante si solamente pensamos en lo que queremos tener o hacer.
Podemos escuchar a Dios, agradecer su compañía y hacer un lugar para los demás.
Si alguien tiene una discapacidad, podemos preguntarle cómo ayudar y tratarlo con respeto. Si un niño nuevo llega a jugar, podemos invitarlo.
No somos mejores por tener más cosas. Todos necesitamos el amor del Padre.
Su invitación nos recuerda que podemos acercarnos y que hay alegría cuando compartimos su bondad.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Lucas 14:15–24.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 18: Una generosa invitación. Leer la referencia