Parábola de Jesús · Parte 19 de 20 · 3 min
Los trabajadores que llegaron al final
Jesús contó la historia de un dueño que necesitaba trabajadores para su viña.
Muy temprano salió a buscarlos. Acordó pagarles una moneda por el día de trabajo, y ellos fueron al campo.
Más tarde encontró a otras personas que todavía no tenían trabajo. Las envió también a su viña.
El dueño siguió invitando trabajadores durante el día.
Incluso cerca del final encontró a algunos esperando. Nadie los había contratado. Él les dio trabajo.

Cuando llegó la tarde, mandó pagarles. Comenzaron por los que habían llegado al final.
Cada uno recibió una moneda.
Los primeros pensaron que recibirían más. Pero también recibieron la moneda que habían acordado.
El encargado entregó las monedas a los trabajadores.

Algunos se quejaron. Habían trabajado más horas y soportado el calor del día.
El dueño recordó a uno de ellos que había cumplido su acuerdo. No le había quitado nada.
También quería ser generoso con los últimos.
«Yo quiero ser bueno también con ellos. ¿No podemos alegrarnos juntos?».
Jesús enseñó que la bondad de Dios no es un premio que podamos exigir porque nos creamos mejores.
Podemos alegrarnos cuando alguien recibe una oportunidad, aunque haya llegado después de nosotros.
Si un niño nuevo se une al juego, no necesita esperar mucho tiempo para que lo tratemos con cariño.
Y si otra persona aprende algo que a nosotros nos costó, podemos felicitarla.
La alegría del otro no nos quita el amor de Dios.
Esta parábola habla de su generosidad. No dice que esté bien engañar a un trabajador o incumplir un acuerdo.
El dueño pagó lo prometido y además fue bondadoso.
Nosotros podemos agradecer lo recibido y compartir la alegría por los demás.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Mateo 20:1–16.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 28: Bases para la recompensa final. Leer la referencia
