Siguiendo a Jesús · Parte 10 de 40 · 2 min
Las enseñanzas en la montaña
Muchas personas seguían a Jesús con sus esperanzas y preguntas. Él subió a una colina y se sentó a enseñar, y sus discípulos se acercaron.
Las familias escuchaban sobre la colina cubierta de hierba.
Jesús habló de las personas a quienes Dios llama bienaventuradas. Entre ellas estaban quienes sufrían, quienes eran mansos y quienes trabajaban por la paz.
Enseñó que sus seguidores podían ser como una luz que ayuda a otros a ver lo bueno.
Les pidió amar incluso a sus enemigos y orar sin intentar impresionar a los demás.

Jesús señaló a las aves y las flores.
Dios las cuidaba, y las personas eran todavía más valiosas para él.
Les enseñó a pedir ayuda a su Padre, perdonar y tratar a los demás como quisieran ser tratados.
Escuchar buenas palabras era solamente el comienzo. Jesús quería que pusieran sus enseñanzas en práctica.
Podemos comenzar con pequeñas decisiones: decir la verdad, incluir a alguien que está solo o ayudar a hacer las paces después de una discusión.
Seguir a Jesús no es una manera de presumir. Es aprender a amar a Dios y dejar que ese amor guíe nuestras palabras y acciones.
Relato basado en Mateo 5–7.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 31. Abrir el libro