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Historia bíblica · Parte 2 de 12 · 3 min

Un plato de lentejas

Una tarde, Jacob estaba cocinando un guiso de lentejas rojas. El guiso burbujeaba suavemente sobre el fuego, y su cálido y delicioso aroma se extendía por el campamento.

Jacob remueve una olla de guiso de lentejas rojas
Una olla de lentejas rojas hervía junto a la tienda de Jacob.

En ese momento, Esaú regresó al campamento cansado y hambriento. Caminaba despacio, llevaba los hombros caídos y solo podía pensar en comida. Cuando vio la olla humeante, se acercó rápidamente a su hermano.

“Jacob, por favor, dame un poco de ese guiso rojo. Tengo mucha hambre.”

Esaú, cansado y con abundante vello, se acerca a Jacob y al guiso humeante
Hambriento y agotado, Esaú solo veía la comida frente a él.

Jacob pensó en la primogenitura de Esaú. En vez de compartir simplemente la comida, respondió: “Primero, prométeme tu primogenitura.”

Aquel no era un trato amable ni justo. Jacob no debía aprovechar el hambre de su hermano para conseguir algo tan valioso. Y Esaú necesitaba detenerse, pensar y recordar lo importante que era su responsabilidad.

Pero Esaú solo pensaba en el hambre que sentía en aquel momento. No pensó con cuidado en el mañana. “Lo prometo. Puedes quedarte con mi primogenitura.”

Jacob y Esaú, pelirrojo y con abundante vello, se miran durante su serio acuerdo
Una decisión apresurada cambió una bendición duradera por una sola comida.

Jacob le dio a Esaú pan y un plato de guiso. Esaú comió hasta quedar satisfecho, luego se levantó y se marchó. El hambre pronto desapareció, pero la promesa que había hecho permaneció.

Los dos hermanos habían tomado decisiones poco sabias. Jacob no había tratado justamente a su hermano, y Esaú había actuado como si un regalo duradero no tuviera importancia.

Dios quiere que valoremos los regalos y las responsabilidades que nos da. Cuando sentimos hambre, enojo, cansancio o impaciencia, podemos detenernos y pedir ayuda antes de tomar una decisión importante. También podemos elegir la bondad en lugar de aprovecharnos de alguien que está pasando por un momento difícil.

Dios no abandonó a Jacob ni a Esaú. Continuaría enseñándoles a los dos hermanos por medio de muchas aventuras, porque su historia aún no había terminado.

Adaptación basada en Génesis 25:29–34

Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 16