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Historia bíblica · Parte 5 de 7 · 4 min

Simeón y Ana conocen a Jesús

Pasaron los primeros días después del nacimiento de Jesús.

María y José seguían cuidándolo.

Cuando llegó el momento indicado por la ley de Dios, lo llevaron al templo de Jerusalén para presentarlo al Señor.

También llevaron una ofrenda sencilla: dos aves, como permitía la ley a las familias que no podían ofrecer un cordero.

Jesús iba en brazos.

María y José llegan al templo de Jerusalén con el bebé en brazos.
María y José llevaron a Jesús al templo.

Para muchas personas, María y José podían parecer una familia más que llegaba al templo con su bebé.

Pero aquel niño era el Salvador.

En Jerusalén vivía un hombre llamado Simeón.

Simeón amaba a Dios y esperaba el cumplimiento de su promesa.

El Espíritu Santo le había hecho saber que conocería al Salvador antes de morir.

Había esperado aquel encuentro.

Y ese día, el Espíritu Santo lo guio hasta el templo.

Allí vio a María, a José y al niño.

¡El momento había llegado!

Simeón tomó a Jesús en sus brazos y dio gracias a Dios.

—Gracias, Señor. Mis ojos han visto al Salvador.

La promesa se había cumplido.

El anciano Simeón sostiene a Jesús con alegría, junto a María y José.
Simeón conoció al Salvador que había esperado.

Simeón habló de Jesús como una luz para las personas de todas las naciones.

María y José escucharon maravillados.

Aquel bebé pequeño traería una esperanza muy grande.

Simeón bendijo a la familia.

También le explicó a María que no todos recibirían a Jesús con amor y que ella pasaría por momentos dolorosos.

María todavía tenía mucho que comprender sobre la vida de su hijo.

En el templo también estaba Ana.

Ana era una mujer muy mayor que dedicaba mucho tiempo a adorar a Dios.

Oraba y esperaba la ayuda que Dios había prometido a su pueblo.

Cuando vio a Jesús, también comenzó a dar gracias.

Después habló del niño a las personas que esperaban al Salvador.

La anciana Ana agradece a Dios junto a María, José y Jesús en el templo.
Ana dio gracias a Dios por Jesús.

¡Cuánta alegría!

Simeón había esperado. Ana había esperado.

Y ahora los dos habían conocido a Jesús.

El niño no llevaba una corona. No estaba rodeado de soldados.

Estaba en brazos de su familia.

Pero Simeón y Ana reconocieron en él la promesa de Dios.

A veces esperar puede parecer difícil.

Aquel día, ellos descubrieron que su espera no había sido olvidada.

Mientras tanto, en una tierra lejana, otros viajeros también buscaban al niño.

La historia del nacimiento de Jesús continuará.

Adaptación de Lucas 2:21–38.

Apoyo: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 5: La dedicación.