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Historia bíblica · Parte 4 de 10 · 6 min

Dos sueños en la prisión

José había sido llevado injustamente a la prisión. Ahora tendría que aprender a confiar en Dios también allí.

Una vez más, la vida de José había cambiado de repente.

Había trabajado mucho. Había sido honesto. Había elegido hacer lo correcto.

Pero ahora estaba sentado dentro de una prisión oscura.

Quizás José se preguntó: «¿Por qué me ha sucedido esto?»

José se sintió triste y confundido, pero Dios no lo había abandonado.

Sin embargo, aun dentro de la prisión, José no estaba solo.

Dios todavía estaba con él.

El encargado de la prisión observó a José con atención. Poco después, notó que José era responsable, honesto y amable.

—Eres diferente —le dijo el encargado—. Puedo confiar en ti.

El encargado puso a José a cargo de muchas cosas dentro de la prisión. José ayudaba a organizar el trabajo y cuidaba de los demás prisioneros.

Dios ayudó a José allí, tal como lo había ayudado en la casa de Potifar.

El encargado de la prisión vio que José era responsable y digno de confianza.

Tiempo después, llegaron dos nuevos prisioneros.

Uno era el jefe de los coperos del faraón. Su trabajo había sido preparar y servir las bebidas del faraón.

El otro era el jefe de los panaderos del faraón. Su trabajo había sido preparar panes y comidas especiales para el faraón.

Ambos hombres habían hecho enojar al faraón, por lo que fueron enviados a la prisión donde estaba José.

A José le pidieron que los cuidara.

José cuidó del copero y del panadero del faraón mientras estuvieron en prisión.

Una mañana, José fue a ver a los dos hombres. Enseguida notó que parecían preocupados.

—¿Por qué están los dos tan tristes hoy? —preguntó José.

El copero y el panadero se miraron.

—Cada uno de nosotros tuvo un sueño anoche —explicaron—, pero aquí no hay nadie que pueda decirnos lo que significan.

José escuchó con atención.

—Solo Dios comprende verdaderamente los sueños —dijo—. Por favor, cuéntenme lo que soñaron.

El copero habló primero.

—En mi sueño vi una vid con tres ramas —dijo—. Aparecieron brotes, se abrieron flores y crecieron racimos de uvas maduras. La copa del faraón estaba en mi mano. Exprimí las uvas dentro de la copa y se la entregué al faraón.

El sueño del copero muestra una vid con tres ramas y uvas exprimidas en la copa del faraón
El copero soñó con tres ramas, uvas maduras y la copa del faraón.

Dios ayudó a José a comprender el sueño.

—Las tres ramas representan tres días —explicó José—. Dentro de tres días, el faraón te devolverá tu trabajo. Volverás a servirle su copa.

El rostro del copero se llenó de esperanza.

Entonces José le hizo una petición.

—Cuando seas libre, por favor, acuérdate de mí —dijo—. Dile al faraón que me trajeron aquí injustamente. No he hecho nada que merezca esta prisión.

El panadero había escuchado la interpretación esperanzadora de José. Deseaba que su propio sueño también tuviera un significado feliz.

—Yo también tuve un sueño —dijo el panadero—. Había tres canastas de pan sobre mi cabeza. La canasta de arriba estaba llena de panes y otras cosas horneadas para el faraón, pero unas aves bajaron y se comieron la comida de la canasta.

El panadero soñó que unas aves comían el pan de la canasta superior.

José se quedó en silencio.

El significado de aquel sueño era triste.

—Las tres canastas también representan tres días —explicó José con suavidad—. Pero no regresarás a tu trabajo. Dentro de tres días, tu vida llegará a su fin.

José explicó el sueño del panadero con compasión.
José explicó el sueño del panadero con compasión.

El panadero bajó la cabeza.

José no había elegido el significado de ninguno de los sueños. Sencillamente compartió lo que Dios le ayudó a comprender.

Allí en la prisión, lejos de su familia, José todavía no podía ver el propósito de todo lo que había sucedido.

Pero Dios no lo había olvidado.

Dios estaba preparando a José para algo mucho más grande, y su historia todavía no había terminado.

José mira hacia la luz cálida y las estrellas de la noche desde el patio de la prisión
José no podía ver lo que sucedería después, pero su historia estaba lejos de terminar.

Adaptación basada en Génesis 39:21–23; 40:1–23

Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 20