Historia bíblica · Parte 5 de 10 · 5 min
Los sueños que inquietaron al faraón
Pasaron dos años desde que José explicó los sueños del copero y del panadero del faraón.
El copero regresó al palacio del faraón, tal como José había dicho que sucedería.
Antes de que el copero saliera de la prisión, José le había pedido una cosa.
“Por favor, acuérdate de mí”, le había dicho José. “Dile al faraón que me trajeron aquí injustamente”.
Pero cuando el copero volvió al palacio, se olvidó de José.
José permaneció en la prisión.
Día tras día, siguió ayudando al encargado de la prisión y cuidando a los demás prisioneros. No sabía cuándo sería libre, pero sabía que Dios no se había olvidado de él.

Entonces, una noche, el faraón tuvo un sueño extraño.
En su sueño, el faraón estaba junto al río Nilo.
Siete vacas fuertes y saludables salieron del agua. Caminaron hasta la orilla y comenzaron a comer la hierba verde.
Después, otras siete vacas salieron del río.
Estas vacas eran delgadas y débiles. Parecían hambrientas y enfermas.
Las siete vacas delgadas se acercaron a las siete vacas saludables… ¡y se las tragaron!
Pero aun después de tragarse a las vacas saludables, las vacas delgadas seguían viéndose débiles y hambrientas.

El faraón despertó de repente.
Se preguntó qué podría significar el sueño, pero después de un rato volvió a quedarse dormido.
Entonces el faraón tuvo un segundo sueño.
Vio siete espigas llenas y saludables que crecían en un solo tallo.
Después aparecieron siete espigas delgadas y secas. El viento caliente del desierto las había dañado.
Las espigas delgadas se tragaron a las siete espigas saludables.
El faraón volvió a despertar.
Solo había sido un sueño, pero parecía muy importante.



A la mañana siguiente, el faraón estaba preocupado.
Mandó llamar a los sabios y expertos en sueños de Egipto.
El faraón les habló de las siete vacas saludables y las siete vacas delgadas. Después les contó acerca de las siete espigas llenas y las siete espigas secas.
“¿Qué significan estos sueños?”, preguntó el faraón.
Los sabios pensaron cuidadosamente. Susurraron entre ellos e intentaron encontrar una respuesta.
Pero nadie pudo explicar los sueños del faraón.


Entonces el copero se acordó de José.
Recordó al joven de la prisión que había explicado correctamente su sueño y el sueño del panadero.
“Recuerdo algo que debí haberte contado antes”, le dijo el copero al faraón.
Le explicó que él y el panadero habían tenido sueños extraños mientras estaban en la prisión.
“Un joven hebreo llamado José nos escuchó”, dijo el copero. “Él explicó los dos sueños, y todo sucedió exactamente como dijo”.


El copero por fin había hablado de José. No podía devolverle los años de espera, pero sí podía dejar de guardar silencio y ayudarlo ahora.
A veces olvidamos hacer algo bueno. Cuando lo recordamos, todavía podemos dar un paso para ayudar. En el palacio, el recuerdo del copero estaba a punto de abrir una puerta para José.
Adaptación basada en Génesis 40:23; 41:1–13
Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 20