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Un milagro de Jesús · Parte 1 de 20 · 3 min

Las tinajas de Caná

En Caná había una boda. La familia y sus invitados estaban contentos. Jesús, su madre y sus discípulos también estaban allí.

Pero durante la celebración se terminó la bebida de uva. Para quienes habían preparado la fiesta, aquello era una preocupación.

María se dio cuenta y se lo contó a Jesús. Confiaba en él. Después dijo a los servidores que hicieran lo que Jesús les indicara.

Cerca había seis grandes tinajas de piedra. Se usaban para guardar agua destinada a las costumbres de limpieza.

Jesús pidió que llenaran las tinajas de agua.

Los servidores llevaron agua hasta dejarlas llenas. No sabían todavía lo que iba a suceder, pero siguieron su indicación.

Jesús observa a servidores llenando seis tinajas de piedra en una boda.
Los servidores llenaron seis tinajas de agua.

Después Jesús les pidió que sacaran un poco y lo llevaran al encargado de la fiesta.

El agua se había convertido en una buena bebida de uva.

El encargado la probó y se sorprendió. No sabía de dónde había salido, pero los servidores sí lo sabían.

La celebración podía continuar. Jesús había ayudado a aquella familia sin buscar un gran espectáculo.

Un servidor vierte bebida de uva mientras una familia celebra en Caná.
Jesús ayudó a la familia durante la celebración.

Este fue el comienzo de las señales de Jesús. Sus discípulos vieron algo de su gloria y confiaron en él.

Jesús se interesaba por las personas en los momentos grandes y también en las preocupaciones de cada día.

Podemos aprender a mirar con atención. Tal vez alguien necesita ayuda para poner la mesa, compañía o una palabra amable.

No podemos hacer el milagro de Caná, pero sí podemos ayudar con lo que tenemos. El amor también se muestra en las pequeñas tareas.

Jesús cuida y ayuda, y podemos compartir su bondad.

Relato basado en Juan 2:1–11.

Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 15. Abrir el libro