Del Edén a Enoc · Parte 4 de 8 · 4 min
Dos hermanos y una esperanza
Adán y Eva ya no vivían en el jardín del Edén. Fuera de aquel hermoso hogar tuvieron que trabajar. Pero Dios no los había dejado sin esperanza.
Cuando nació su primer hijo, Eva lo llamó Caín. Después nació su hermano Abel. Los dos niños crecieron en la misma familia y escucharon acerca del Dios que había creado el cielo, la tierra y todo lo que vivía.
Sus padres conocían la alegría del jardín y también la tristeza de haberse apartado de Dios. Podían enseñar a sus hijos que desobedecer hace daño, y que escuchar al Señor es una manera de confiar en él.
La familia también conocía una promesa: Dios enviaría al Salvador. Las ofrendas que él había enseñado a presentar les recordaban que necesitaban su perdón y que podían confiar en la ayuda que había prometido.

Cuando crecieron, los hermanos hicieron trabajos diferentes. Caín cultivaba la tierra. Preparaba el suelo, sembraba y cuidaba las plantas. Para recoger una cosecha hacía falta esfuerzo y paciencia mientras los frutos crecían.
Podemos imaginar a Caín reuniendo los frutos y colocándolos en una canasta. Cultivar ayudaba a alimentar a su familia. Su trabajo era útil, y Dios también veía el corazón con que lo hacía.

Abel cuidaba ovejas. Debía estar atento a los animales, llevarlos a lugares donde pudieran comer y cuidar de los más pequeños. Sus tareas eran distintas de las de su hermano, pero también requerían atención y cariño.
Los dos hermanos tenían mucho que aprender. Haber escuchado las mismas enseñanzas no significaba que tomarían siempre las mismas decisiones. Cada uno podía responder a Dios con confianza o insistir en hacer las cosas a su manera.

El trabajo de uno no lo hacía más valioso que el otro. Dios no ama más a alguien por cuidar ovejas o por cultivar un campo. Le importa que aprendamos a escucharlo y a vivir con amor.
Pronto Caín y Abel prepararían sus ofrendas. Lo que harían mostraría algo que no se veía desde fuera: la confianza que había en sus corazones. Ambos habían recibido la oportunidad de acercarse a Dios.
Nosotros también aprendemos poco a poco. Podemos escuchar una historia, hacer preguntas y pedir ayuda para elegir lo bueno. Aunque tengamos habilidades diferentes, cada persona tiene valor. Dios nos invita a confiar en él mientras crecemos.
Adaptación basada en Génesis 4:1–2
Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 5: Caín y Abel probados.
Para conversar en familia
- Esperanza
- Responsabilidad
- Amor
Versículo para memorizar
“Amaos los unos a los otros con amor fraternal”
Romanos 12:10 · fragmentoRVR1960
- ¿Qué esperanza compartían Adán y Eva con sus hijos?
- ¿Qué trabajos hacían Caín y Abel?
- ¿Por qué el trabajo de uno no lo hacía más valioso que el otro?
Actividad · 2–5 minutos
Distintas tareas, el mismo cariño
Elijan dos tareas pequeñas y seguras, como acomodar libros y regar una planta con un adulto. Cada persona elige una y explica cómo ayuda a la familia. Al terminar, agradezcan la ayuda de los demás y recuerden que todos tienen valor.
Para practicar hoy: Puedo aprender, ayudar y tratar con cariño a quienes hacen cosas diferentes a mí.
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Actividades de esta historia
Juega en línea o imprime materiales para casa, clase y familia.