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Daniel y sus amigos: fieles lejos de casa · Parte 3 de 8 · 4 min

Cuatro amigos piden ayuda

Una noche, Nabucodonosor tuvo un sueño que lo dejó muy inquieto. Aunque era un rey poderoso, no encontraba descanso. Necesitaba comprender lo que había visto mientras dormía.

Un sueño había dejado al rey muy inquieto.
Un sueño había dejado al rey muy inquieto.

Mandó llamar a los sabios de Babilonia. Les pidió algo que ellos no podían hacer: contar el sueño y explicar su significado. No bastaba con escuchar la historia del rey y dar una respuesta preparada.

Los hombres reconocieron que ningún ser humano podía resolver aquello por su propia sabiduría. El rey se enojó tanto que dio una orden terrible contra los sabios de su reino.

Daniel y sus compañeros también estaban en peligro, aunque no habían estado en aquella conversación. Cuando Arioc, el jefe de la guardia, llegó, Daniel le habló con prudencia y respeto.

Quería entender por qué la orden era tan urgente. Arioc le explicó lo ocurrido. Daniel pidió al rey un poco de tiempo para poder darle una respuesta sobre el sueño.

Daniel escuchó a Arioc y pidió tiempo.
Daniel escuchó a Arioc y pidió tiempo.

Después fue a su casa. No fingió que ya sabía la solución ni trató de inventar una explicación. Buscó a Ananías, Misael y Azarías y les contó la situación.

Los cuatro amigos pidieron juntos la ayuda de Dios. Necesitaban su misericordia y sabiduría para comprender aquel misterio. La oración no era una manera de presumir fuerza, sino de reconocer que necesitaban ayuda.

Podían acompañarse aun cuando no sabían qué sucedería después. Cada uno tenía un lugar en aquella petición. Ninguno necesitaba enfrentar el miedo completamente solo.

Los cuatro amigos pidieron juntos la ayuda de Dios.
Los cuatro amigos pidieron juntos la ayuda de Dios.

Durante la noche, Dios reveló el secreto a Daniel en una visión. La respuesta que los sabios no habían podido encontrar no venía de una habilidad para adivinar los pensamientos de las personas.

Daniel comprendió que Dios conocía lo que ellos no podían conocer. Antes de correr al palacio, se detuvo para bendecirlo y agradecerle por la sabiduría y la ayuda que había recibido.

Aquella noche de preocupación se convirtió también en una noche de gratitud. Daniel recordaba a sus amigos en su agradecimiento: juntos habían pedido ayuda y ahora él tenía una respuesta para llevar al rey.

Daniel agradeció a Dios antes de ir al palacio.
Daniel agradeció a Dios antes de ir al palacio.

Cuando algo nos preocupa, podemos decirlo a un adulto de confianza y orar. No siempre recibiremos la respuesta de la misma manera que Daniel, pero no necesitamos ocultar nuestro miedo ni resolverlo todo solos.

Basado en Daniel 2:1–23 · Profetas y reyes, 40.

Para conversar en familia

  • Oración
  • Cooperación
  • Gratitud

Versículo para memorizar

“Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos”

Daniel 2:20 · fragmentoRVR1960

  1. ¿Con quiénes compartió Daniel su preocupación?
  2. ¿Qué hicieron juntos los amigos?
  3. ¿A qué adulto puedes contarle algo que te preocupa?

Actividad · 2–5 minutos

Una preocupación compartida

Cada persona menciona una preocupación pequeña o una situación imaginaria. Escuchen sin interrumpir y digan a qué adulto pueden pedir ayuda. Terminen con una oración breve, dando espacio a quien prefiera escuchar.

Para practicar hoy: Puedo contar mi preocupación y pedir ayuda.

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