Daniel y sus amigos: fieles lejos de casa · Parte 8 de 8 · 4 min
Daniel y los leones
Daniel ya era un hombre anciano. Muchos años habían pasado desde su llegada a Babilonia. Bajo el gobierno de Darío seguía trabajando con responsabilidad, y el rey había visto que podía confiar en él.
Otros funcionarios sintieron envidia. Buscaron algo malo en su trabajo, pero no encontraron engaño ni descuido. Entonces decidieron usar su fidelidad a Dios para ponerlo en una situación peligrosa.
Daniel tenía la costumbre de orar tres veces al día, con las ventanas abiertas hacia Jerusalén. Agradecía a Dios y le pedía ayuda. Su oración formaba parte de su vida, no era un espectáculo para recibir elogios.

Los funcionarios propusieron al rey una ley: durante treinta días nadie podría hacer una petición a un dios o a una persona, excepto al rey. Quien no obedeciera sería llevado al foso de los leones. Darío firmó la orden.
Cuando Daniel supo lo que decía la ley, continuó orando como antes. No había dejado de trabajar con cuidado ni estaba tratando de hacer daño al rey. Pero no podía colocar a un gobernante por encima de Dios.
Sus enemigos lo vieron y fueron a acusarlo. Darío comprendió demasiado tarde lo que habían preparado. Se entristeció y buscó durante el día una manera de librar a Daniel, pero no pudo cambiar aquella ley.

Al atardecer lo llevaron al foso. El rey deseaba que el Dios a quien Daniel servía lo protegiera. Una piedra cerró la entrada y fue sellada. Después Darío volvió al palacio, donde pasó una noche sin descanso.
Daniel no estaba fuera del alcance de Dios. Dios envió a su ángel y los leones no le hicieron daño. En aquella oscuridad, Daniel recibió una protección que no dependía de su edad ni de su fuerza.

Muy temprano, el rey se levantó y fue al foso. Con preocupación llamó a Daniel y preguntó si su Dios había podido librarlo. Desde adentro llegó la respuesta del hombre a quien temía haber perdido.
Daniel explicó que Dios había enviado a su ángel y cerrado la boca de los leones. El rey sintió una gran alegría y mandó sacarlo. No encontraron heridas en él: Dios lo había cuidado durante aquella noche.

Después, Darío dio a conocer su reconocimiento al Dios vivo. El trabajo fiel de Daniel y lo ocurrido en el foso habían mostrado que el poder de Dios era mayor que una ley injusta preparada por personas envidiosas.
Podemos hacer nuestras tareas con honestidad y hablar con Dios cada día. No debemos acercarnos a animales peligrosos para imitar esta historia. Si una persona nos presiona para hacer algo malo, podemos pedir ayuda a un adulto de confianza.
Basado en Daniel 6 · Profetas y reyes, 44.
Para conversar en familia
- Honestidad
- Oración
- Confianza en Dios
Versículo para memorizar
“Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones”
Daniel 6:22 · fragmentoRVR1960
- ¿Qué hacía Daniel cada día para hablar con Dios?
- ¿Cómo protegió Dios a Daniel en el foso?
- ¿A quién puedes pedir ayuda si alguien te presiona para hacer algo malo?
Actividad · 2–5 minutos
Una tarea con integridad
Escojan una tarea pequeña, como guardar tres juguetes. Háganla con cuidado y cuenten con sinceridad lo que falta. Si alguien necesita ayuda, puede pedirla. Después hagan una oración breve de agradecimiento.
Para practicar hoy: Puedo hacer mis tareas con honestidad y hablar con Dios.
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Sopa de letras
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