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Historia bíblica · Parte 3 de 12 · 6 min

La bendición y el engaño

Después de cambiar su primogenitura por un plato de lentejas, Esaú volvió a salir al campo y Jacob permaneció cerca de las tiendas.

Pasaron muchos años. Isaac, el padre de los dos hermanos, envejeció. Sus ojos se habían debilitado tanto que ya casi no podía ver.

Un día, Isaac llamó a Esaú. “Hijo mío.”

“Aquí estoy, padre”, respondió Esaú.

El anciano Isaac llama con cariño a Esaú dentro de su tienda
Isaac llamó a Esaú para confiarle una tarea importante.

Isaac sabía que ya era muy anciano. Quería darle a Esaú una bendición especial.

“Ve al campo, caza un animal y prepárame la comida que tanto me gusta. Después de comer, te daré mi bendición.”

Esaú tomó su arco y sus flechas y salió rápidamente hacia las colinas.

Pero Rebeca había escuchado la conversación. Ella recordó lo que Dios le había dicho antes de que nacieran los gemelos: el hijo mayor serviría al menor.

Rebeca escucha preocupada mientras Isaac conversa con Esaú
Rebeca escuchó la conversación desde la entrada de la tienda.

Rebeca estaba convencida de que Jacob debía recibir la bendición. Sin embargo, en vez de esperar y confiar en Dios, decidió preparar un engaño.

Buscó a Jacob y le contó lo que había escuchado. “Ve al rebaño y tráeme dos cabritos. Yo prepararé la comida que le gusta a tu padre.”

Jacob se quedó preocupado. “Pero Esaú tiene mucho vello en los brazos y yo no. Si mi padre me toca, descubrirá que intento engañarlo.”

Rebeca explica su plan a un Jacob preocupado junto a la comida, la ropa y las pieles
Jacob sabía que el plan no era correcto, pero decidió seguirlo.

Rebeca insistió. Jacob fue al rebaño y regresó con los cabritos. Ella preparó una comida deliciosa, y el aroma llenó la tienda.

Después buscó la mejor ropa de Esaú y se la puso a Jacob. También colocó pieles suaves de cabrito sobre sus manos y su cuello para que parecieran cubiertos de vello.

Jacob miró sus brazos disfrazados. Sabía que aquello no estaba bien, pero aun así tomó la comida y entró en la tienda de su padre.

“Padre”, dijo con cuidado.

“Aquí estoy. ¿Cuál de mis hijos eres?”

Jacob respiró profundamente. “Soy Esaú, tu hijo mayor.”

Jacob llevó la comida a Isaac usando un disfraz.
Jacob llevó la comida a Isaac usando un disfraz.

Isaac estaba sorprendido. Preguntó cómo había regresado tan rápidamente. Jacob volvió a mentir y dijo que Dios lo había ayudado.

Isaac escuchó con atención. La voz le parecía la de Jacob, no la de Esaú. Le pidió que se acercara para poder tocarlo.

Isaac tocó las pieles que cubrían sus manos. “La voz parece la de Jacob, pero las manos parecen las de Esaú.”

Isaac todavía tenía dudas y preguntó otra vez si realmente era Esaú. Jacob tuvo otra oportunidad para decir la verdad, pero volvió a responder que sí.

Isaac comió la comida. Después pidió que su hijo se acercara una vez más. Al reconocer el olor de la ropa de Esaú, levantó las manos y pronunció la bendición.

“Que Dios te dé abundancia, protección y un futuro lleno de propósito para tu familia.”

Isaac coloca una mano sobre Jacob mientras pronuncia la bendición
Isaac pronunció una bendición solemne sobre Jacob.

Jacob recibió la bendición y salió de la tienda.

Jacob tenía la bendición que tanto había deseado, pero la había recibido por medio de una mentira. Eso no podía traer paz a su familia.

No necesitamos engañar para recibir el amor de Dios. Decir la verdad, incluso cuando tenemos miedo de perder algo, es una manera de cuidar a quienes confían en nosotros. Jacob todavía tendría que aprenderlo.

Adaptación basada en Génesis 27:1–29

Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 16