David: del rebaño al reino · Parte 10 de 20 · 4 min
La lanza y el cántaro
Saúl volvió a perseguir a David. Aunque antes había reconocido su bondad, seguía buscando atraparlo. David recibió noticias de su llegada y envió hombres para averiguar dónde estaba. Necesitaba saber qué ocurría para protegerse y cuidar a los suyos.
Al caer la noche, el campamento del rey descansaba en una colina. Saúl dormía en medio de sus hombres. Cerca de su cabeza estaban su lanza, clavada en el suelo, y un cántaro de agua. Los soldados lo rodeaban.

David observó el lugar y preguntó quién lo acompañaría. Abisai se ofreció a ir con él. Los dos se acercaron al campamento en silencio. Nadie se despertó cuando pasaron entre los hombres que debían mantener vigilado y protegido al rey.
La Biblia cuenta que Dios había hecho que durmieran profundamente. David y Abisai llegaron hasta Saúl. Otra vez, el hombre que perseguía a David se encontraba indefenso delante de él. Podían tomar una decisión que cambiaría muchas vidas.
Abisai pensó que debían aprovechar aquella oportunidad para matar al rey. Estaba dispuesto a hacerlo él mismo.

Pero David se negó. Saúl había sido ungido como rey, y él no iba a quitarle la vida para conseguir el reino. No quería que Abisai lo hiciera tampoco. Tener una oportunidad no convertía cualquier acción en una buena decisión.
David indicó que tomaran la lanza y el cántaro. Aquellos objetos servirían como prueba de que habían estado cerca. Abisai debía dejar al rey vivo. Juntos salieron del campamento sin despertar a los soldados que dormían alrededor.
Después cruzaron hasta otra colina, dejando una buena distancia entre ellos y el campamento. Solo entonces David llamó en voz alta. Su voz alcanzó a Abner, el jefe de los soldados, y despertó la atención de quienes estaban con Saúl.

David preguntó por qué no habían protegido al rey. Mostró la lanza y pidió que notaran que también faltaba el cántaro de agua. Nadie había vigilado lo suficiente, y el propio perseguido había elegido no hacer daño cuando podía hacerlo.
Saúl reconoció la voz de David. David le preguntó por qué seguía persiguiéndolo si no había querido dañarlo. La conversación ocurría de lejos. No necesitaba regresar al centro del campamento para demostrar que estaba hablando con sinceridad.
Saúl admitió que había actuado mal y pidió a David que volviera. David ofreció devolver la lanza por medio de uno de los hombres del rey. Dejó su causa en manos de Dios, que conocía lo sucedido y las decisiones de ambos.

Cuando terminaron de hablar, David siguió su camino y Saúl regresó al suyo. El peligro no requería una venganza. Una lanza sin usar y un cántaro ausente habían mostrado una elección: David podía proteger su vida sin destruir la de otro.
Basado en 1 Samuel 26 · Patriarcas y profetas, 65.
Para conversar en familia
- Honestidad
- Compasión
- Confianza en Dios
- ¿Qué propuso Abisai cuando encontró a Saúl dormido?
- ¿Qué dos objetos tomó David como prueba?
- ¿Desde dónde habló David con el rey?
Actividad · 2–5 minutos
Escoger una respuesta cuidadosa
Coloquen dos hojas sobre una mesa. Dibujen en una algo que ayuda y en otra algo que lastima. Un adulto propone una situación cotidiana, como una torre de bloques derribada. Piensen juntos dos respuestas y elijan la que cuida a las personas.
Para practicar hoy: Antes de responder a una ofensa, pide ayuda para elegir una acción que cuide.
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Actividades de esta historia
Juega en línea o imprime materiales para casa, clase y familia.