David: del rebaño al reino · Parte 11 de 20 · 4 min
Cuando todo parecía perdido
David y sus hombres habían pasado un tiempo viviendo lejos de Israel, en territorio filisteo. Cuando los jefes filisteos reunieron su ejército, no quisieron que David marchara con ellos. Lo enviaron de regreso al lugar donde vivía con su gente.
El camino de vuelta duró tres días. Al llegar a Siclag, David y sus hombres encontraron algo terrible: la ciudad había sido quemada y sus familias no estaban. Un grupo de amalecitas las había llevado cautivas mientras ellos estaban lejos.

Los hombres lloraron hasta quedarse sin fuerzas. David también había perdido a su familia. Todos sentían tristeza, y algunos comenzaron a descargar su dolor y su enojo contra él.
David estaba profundamente angustiado, pero buscó fortaleza en Dios. En vez de responder al enojo con otro enojo, pidió que trajeran al sacerdote Abiatar. Necesitaba dirección antes de decidir cómo ayudar a quienes habían sido llevados lejos.
David consultó a Dios si debía seguir a los que habían atacado la ciudad. Recibió una respuesta de ánimo: debía perseguirlos y podría rescatar a los cautivos. Entonces se puso en marcha con seiscientos hombres para buscar a sus familias.

Al llegar al arroyo de Besor, doscientos hombres estaban demasiado cansados para continuar. Se quedaron allí, mientras David siguió con los otros cuatrocientos. El cansancio era real; no todos podían avanzar al mismo ritmo después de aquellos días difíciles.
En el campo encontraron a un egipcio agotado. Lo llevaron ante David y le dieron pan y agua. También le ofrecieron fruta. Había pasado varios días sin comer ni beber, y necesitaba recuperar fuerzas antes de poder explicar lo ocurrido.
El hombre contó que había sido servidor de un amalecita. Cuando enfermó, su amo lo abandonó. También sabía del ataque a Siclag. David le preguntó si podía guiarlos hasta donde se encontraban quienes se habían llevado a las familias.

El egipcio pidió que no lo mataran ni lo devolvieran a su antiguo amo. David aceptó protegerlo. Entonces el hombre los condujo hasta el campamento. La ayuda ofrecida a alguien débil había abierto un camino que ellos no conocían.
Allí estaban los amalecitas celebrando con lo que habían robado. Hubo una batalla, que podemos contar sin mostrar heridas. David y sus hombres lograron rescatar a los cautivos. La Biblia dice que ninguna persona de sus familias faltaba.
Qué distinto fue encontrarse otra vez. Las personas que habían llorado al ver las casas quemadas pudieron recibir de vuelta a sus seres queridos. El dolor de aquel regreso no había sido imaginario, y el alivio del reencuentro tampoco.

David había buscado fuerza en Dios, escuchado dirección y ayudado a un desconocido necesitado. Ahora las familias podían volver juntas. Todavía quedaban decisiones importantes, incluso sobre quienes habían esperado junto al arroyo, y David tendría que seguir guiando con cuidado.
Basado en 1 Samuel 29:1-11; 30:1-20 · Patriarcas y profetas, 68.
Para conversar en familia
- Esperanza
- Compasión
- Confianza en Dios
Versículo para memorizar
“mas David se fortaleció en Jehová su Dios.”
1 Samuel 30:6 · fragmentoRVR1960
- ¿Qué encontraron los hombres al volver a Siclag?
- ¿Qué necesitaba el egipcio antes de poder guiarlos?
- ¿Cómo terminó la búsqueda de las familias?
Actividad · 2–5 minutos
Una ayuda antes de seguir
Preparen con un adulto un pequeño descanso familiar: agua, un asiento cómodo y una fruta lista para comer. Pregunten qué necesita cada persona antes de continuar sus tareas. Elijan una ayuda concreta y llévenla a cabo juntos, sin apurar a quien está cansado.
Para practicar hoy: Cuando alguien está agotado, atiende sus necesidades antes de pedirle otra tarea.
Más historias con estos valores
Actividades de esta historia
Juega en línea o imprime materiales para casa, clase y familia.