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Historia bíblica · Parte 5 de 12 · 4 min

Una promesa bajo las estrellas

Jacob caminaba por un camino largo y lleno de polvo.

Se había marchado de su casa porque Esaú, su hermano, estaba muy enojado con él. Jacob había engañado a su padre, y su mentira había causado tristeza.

Ahora iba a buscar a su tío Labán, el hermano de su mamá.

Llevaba pocas cosas. A su alrededor había colinas, piedras y mucho cielo.

Cuando llegó la noche, Jacob estaba cansado.

Buscó un lugar para dormir. No tenía una cama, así que se acostó en el suelo y puso una piedra junto a su cabeza.

Las estrellas brillaban sobre él.

Jacob cerró los ojos.

Jacob duerme bajo las estrellas con una piedra junto a su cabeza
Jacob descansó bajo un cielo lleno de estrellas.

Mientras dormía, tuvo un sueño especial.

Vio una escalera muy alta. Su parte de abajo estaba en la tierra, y su parte de arriba llegaba hasta el cielo.

¡Había ángeles subiendo y bajando por ella!

Jacob sueña con una escalera que llega hasta las nubes y ángeles que suben y bajan
En su sueño, una escalera unía la tierra y el cielo.

Entonces Dios le habló.

Le recordó las promesas que había hecho a Abraham, su abuelo, y a Isaac, su papá. Un día, la familia de Jacob sería muy grande. Por medio de ella, Dios traería bendiciones a muchas personas.

Después le hizo una promesa:

“Estoy contigo. Te cuidaré dondequiera que vayas. No te abandonaré.”

Cuando Jacob despertó, miró a su alrededor con asombro.

“¡Dios está aquí, y yo no lo sabía!”

Seguía lejos de su casa, pero ahora sabía que Dios estaba con él.

Por la mañana, levantó la piedra para recordar aquel lugar. Derramó un poco de aceite sobre ella y llamó al lugar Betel.

Betel significa “casa de Dios”.

Jacob derrama aceite sobre una piedra levantada al amanecer
Jacob llamó Betel a aquel lugar para recordar la promesa de Dios.

Después, Jacob siguió caminando.

Jacob había empezado la noche sintiéndose solo. Al amanecer, seguía lejos de casa, pero llevaba una esperanza nueva: Dios no lo había abandonado.

Podemos reconocer nuestros errores y pedir perdón. Dios nos invita a volver a él y a aprender un camino mejor. Con aquella promesa en el corazón, Jacob pudo continuar su viaje hacia la casa de sus parientes.

Adaptación basada en Génesis 28:10–22

Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 17