Historia bíblica · Parte 1 de 7 · 4 min
María recibe una noticia maravillosa
En un pueblo llamado Nazaret vivía una joven llamada María.
María amaba a Dios. Estaba comprometida para casarse con José, un hombre de la familia del rey David.
Un día recibió una visita que nunca olvidaría.
El ángel Gabriel había sido enviado por Dios para hablar con ella.
—María, Dios está contigo —le dijo.
María se sorprendió.
¿Qué significaba aquel saludo? ¿Por qué había venido un ángel a verla?
Gabriel le habló con tranquilidad:
—No tengas miedo, María. Tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será llamado Hijo de Dios.
¡Un bebé! ¡Y aquel bebé sería el Salvador que Dios había prometido!

María escuchó con atención. Había cosas que todavía no comprendía.
—¿Cómo sucederá eso? —preguntó.
Gabriel le explicó que el Espíritu Santo haría posible aquel milagro. El niño sería santo y sería llamado Hijo de Dios.
Después le contó otra noticia.
Su parienta Elisabet también esperaba un bebé, aunque ya era mayor.
—Para Dios no hay nada imposible —le aseguró.
María no sabía cómo sería cada día de su futuro. Pero sabía que podía confiar en Dios.
—Soy la sierva del Señor. Que suceda lo que me has dicho.
Después, María viajó a la región montañosa donde vivía Elisabet.
Cuando llegó a su casa, la saludó.
¡Elisabet se llenó de alegría!
El bebé que llevaba dentro se movió, y el Espíritu Santo la ayudó a comprender que María sería la madre del Salvador.
—¡Qué bendición que hayas venido! —exclamó Elisabet—. Has confiado en lo que Dios te dijo.

María también estaba feliz.
Comenzó a alabar a Dios. Le dio gracias porque se había acordado de ella y porque estaba cumpliendo sus promesas.
Las dos mujeres tenían mucho que compartir.
Una esperaba al niño que prepararía el camino para Jesús. La otra esperaba a Jesús mismo.
María se quedó con Elisabet unos tres meses. Luego regresó a su casa.
Todavía le esperaba un camino nuevo, lleno de cosas que aprender.

Pero aquella noticia seguía en su corazón: Jesús vendría al mundo.
Y ella sería su mamá.
La historia del nacimiento de Jesús continuará.
Adaptación de Lucas 1:26–56.
