Historia bíblica · Parte 2 de 7 · 4 min
José recibe un mensaje en sueños
José esperaba casarse con María.
La quería y deseaba formar una familia con ella.
Pero entonces recibió una noticia que no comprendía: María esperaba un bebé.
José todavía no sabía que aquel niño había sido concebido por un milagro del Espíritu Santo.
Se sintió preocupado.
¿Qué debía hacer?
José era un hombre justo. No quería avergonzar a María ni tratarla con crueldad.
Pensó en separarse de ella en secreto.

Mientras buscaba una respuesta, llegó la noche.
José se quedó dormido.
Y durante su sueño, un ángel del Señor se le apareció.
El ángel conocía su nombre y sabía lo que le preocupaba.
—José, no tengas miedo de recibir a María como tu esposa. El bebé que espera viene del Espíritu Santo.
José escuchó.
Aquel niño no era una señal de que María lo hubiera engañado. Era parte de la promesa de Dios.
—María tendrá un hijo —continuó el ángel—. Le pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.

Jesús.
José debía darle ese nombre al bebé.
Los pecados son las cosas malas que hacemos, las que nos apartan de Dios y pueden lastimar a otros.
Jesús vendría para salvarnos y acercarnos a Dios.
Mucho tiempo antes, Dios había anunciado que nacería un niño que sería llamado Emanuel.
Ese nombre significa: Dios con nosotros.
Cuando José despertó, tenía una respuesta.
Dios le había mostrado qué debía hacer.
José recibió a María como su esposa, tal como el ángel le había indicado.
Ahora compartirían una responsabilidad muy especial.
Cuidarían al niño. Lo acompañarían mientras creciera.
Le enseñarían las palabras de Dios y estarían cerca de él cada día.
José no conocía todo lo que iba a suceder. No sabía qué dificultades encontrarían ni a qué lugares tendrían que viajar.
Pero eligió confiar en el mensaje que había recibido.

María ya había dicho que sí a Dios. Ahora José también.
Los dos se preparaban para recibir a Jesús.
Muy pronto tendrían que emprender un viaje.
Un viaje hacia un pequeño pueblo llamado Belén.
La historia del nacimiento de Jesús continuará.
Adaptación de Mateo 1:18–24.
