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Un milagro de Jesús · Parte 10 de 20 · 3 min

La tormenta quedó en calma

Después de enseñar a mucha gente, Jesús subió a una barca con sus discípulos. Iban a cruzar el lago.

Jesús estaba cansado y se quedó dormido sobre un cojín. Sus amigos llevaban la barca mientras avanzaban.

De pronto se levantó una fuerte tormenta.

El viento soplaba sobre el lago.

Las olas golpeaban la barca y entraba agua. Algunos discípulos eran pescadores, pero aquella tormenta también les daba miedo.

Intentaron seguir adelante. Sin embargo, el agua aumentaba y necesitaban ayuda.

Fueron a despertar a Jesús. Le contaron que estaban en peligro.

Jesús está en una barca mientras sus discípulos enfrentan lluvia y olas.
Los discípulos buscaron a Jesús durante la tormenta.

Jesús se levantó. Habló al viento y al mar para que quedaran tranquilos.

El viento se detuvo y el agua quedó en calma.

Qué diferente era el lago. Los discípulos ya no tenían que luchar contra aquellas olas.

Jesús les preguntó por su miedo y su confianza. Ellos estaban asombrados: hasta el viento y el mar le obedecían.

Jesús y sus discípulos descansan en una barca sobre un lago en calma.
El lago quedó tranquilo después de la palabra de Jesús.

Esta historia nos recuerda que podemos pedir ayuda cuando sentimos miedo. No necesitamos fingir que somos valientes todo el tiempo.

Podemos hablar con Jesús y con un adulto de confianza.

La compañía de Jesús nos ayuda a dar el siguiente paso con calma.

Si tu corazón está inquieto, puedes detenerte, respirar con calma y contar lo que te preocupa.

Los discípulos descubrieron que Jesús estaba con ellos. Su compañía también nos invita a seguir confiando cuando atravesamos momentos difíciles.

Jesús cuida y ayuda, y podemos compartir su bondad.

Relato basado en Marcos 4:35–41.

Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 35. Abrir el libro