Siguiendo a Jesús · Parte 34 de 40 · 2 min
¡La tumba está vacía!
Muy temprano, el primer día de la semana, unas mujeres fueron a la tumba donde habían colocado a Jesús. Llevaban especias y esperaban encontrar su cuerpo.
Sus pasos siguieron el sendero hacia la tumba.
Pero Dios había hecho algo maravilloso. ¡Jesús había resucitado!
Un ángel había llegado y la piedra había sido apartada. La tumba estaba abierta.
El ángel les dijo a las mujeres que no tuvieran miedo. Jesús, quien había sido crucificado, no estaba allí. Había resucitado, tal como había dicho.
“¡No está aquí! ¡Ha resucitado!”

Las invitó a ver el lugar donde había estado. Después les dijo que fueran pronto a contárselo a los discípulos.
Su tristeza se convertía en asombro y alegría. La muerte no había podido retener a Jesús.
Los pájaros cantaban cerca del jardín al amanecer.
Las mujeres se apresuraron a compartir la noticia. Jesús estaba vivo, y sus amigos necesitaban saberlo.
La resurrección da esperanza a los cristianos. El amor de Jesús es más fuerte que la muerte, y podemos confiar en sus promesas.
Podemos compartir las buenas noticias con bondad y recordar que una parte triste no siempre cuenta toda la historia. Junto a la tumba vacía había comenzado un nuevo amanecer.
Relato basado en Mateo 28:1–10.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 81. Abrir el libro