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Siguiendo a Jesús · Parte 31 de 40 · 3 min

Jesús delante de Pilato

Jesús fue llevado ante Pilato, el gobernador romano. Los dirigentes que lo acusaban querían que Pilato ordenara su muerte.

La gente se reunió fuera del palacio del gobernador.

Pilato hizo preguntas. Jesús no había venido para dirigir una rebelión violenta. Su reino seguía un camino diferente.

Después de escucharlo, Pilato dijo que no encontraba motivo para condenarlo. Pero las acusaciones y las exigencias continuaron.

Pilato envió a Jesús ante Herodes, quien también estaba en Jerusalén. Después Jesús fue enviado de nuevo a Pilato.

Jesús permaneció sereno ante Pilato mientras otros lo acusaban.
Jesús permaneció sereno ante Pilato mientras otros lo acusaban.

Pilato sabía que Jesús no había hecho nada que mereciera la muerte. Aun así, tenía miedo de la ira de la multitud y de sufrir problemas.

La multitud insistió en su exigencia.

En vez de hacer lo que sabía que era correcto, Pilato cedió. Entregó a Jesús para que fuera crucificado.

Jesús recibió un trato injusto. Sin embargo, no dejó de amar a las personas que había venido a salvar.

Hacer lo correcto puede ser difícil cuando otros gritan pidiendo algo malo. Una multitud no convierte una decisión cruel en algo bueno.

Podemos pedirle a Dios valor para decir la verdad, buscar ayuda de un adulto de confianza y acompañar a quien recibe un trato injusto. La justicia necesita corazones dispuestos a hacer lo correcto.

Relato basado en Lucas 23:1–25.

Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 77. Abrir el libro