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Siguiendo a Jesús · Parte 25 de 40 · 2 min

Jesús lava los pies de sus amigos

Jesús y sus discípulos se reunieron para una cena especial. Antes de comer, había una tarea humilde que hacer.

En aquellos días, los caminos polvorientos ensuciaban los pies. Lavarlos solía ser el trabajo de un siervo.

Jesús se levantó de la mesa. Se quitó el manto y se puso una toalla alrededor de la cintura.

Vertió agua en un recipiente.

Después comenzó a lavar los pies de sus discípulos y a secarlos con la toalla.

Jesús lavó los pies de sus amigos con paciencia y cuidado.
Jesús lavó los pies de sus amigos con paciencia y cuidado.

Pedro se sorprendió. No quería que su Maestro hiciera una tarea tan humilde por él.

Jesús ayudó a Pedro a comprender que necesitaba recibir su cuidado. Pedro debía aprender tanto a aceptar el amor como a darlo.

La toalla rozó los pies polvorientos.

Después, Jesús volvió a la mesa. Explicó que les había dado un ejemplo.

Si su Señor y Maestro estaba dispuesto a servir, ellos también debían estar dispuestos a servirse unos a otros.

Ayudar no nos hace menos importantes. Jesús mostró que el amor está dispuesto a hacer incluso una tarea pequeña y sencilla.

Podemos traer agua, ordenar un lugar o ayudar a alguien que está cansado. Seguimos su ejemplo cuando servimos sin exigir elogios.

Relato basado en Juan 13:1–17.

Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 71. Abrir el libro