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Historia bíblica · Parte 10 de 12 · 5 min

Jacob busca la paz

Jacob ya se había despedido de Labán. Ahora seguía el camino de regreso con su familia y sus animales.

Delante lo esperaba la tierra donde había crecido.

Y también su hermano Esaú.

Habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron. Jacob recordaba que había engañado a su hermano y que Esaú se había quedado muy enojado.

¿Cómo sería volver a encontrarse?

Jacob todavía no lo sabía.

En el camino, unos ángeles de Dios salieron a su encuentro. Al verlos, Jacob recordó que no estaba solo.

Dos mensajeros celestiales animaron a Jacob en el camino.
Dos mensajeros celestiales animaron a Jacob en el camino.

Dios seguía cuidándolo.

Entonces envió a unos mensajeros para avisarle a Esaú que estaba regresando.

Quería hablarle con respeto y buscar la paz.

Los mensajeros se adelantaron por el camino. Jacob esperó su regreso junto a las tiendas.

Cuando volvieron, le dieron una noticia.

“Esaú viene a encontrarte. Y lo acompañan cuatrocientos hombres.”

¡Cuatrocientos!

Era mucha gente.

Jacob sintió miedo. Pensó en Raquel, en Lea y en todos los niños. Quería que su familia estuviera a salvo.

No sabía si Esaú venía para abrazarlo o si todavía quería hacerle daño.

Jacob escucha al mensajero que trae noticias de Esaú
Jacob recibió noticias de su hermano.

Por eso dividió a las personas y a los animales en dos grupos. Así, si un grupo estaba en peligro, el otro podría alejarse.

Pero Jacob también hizo algo muy importante.

Habló con Dios.

Recordó que Dios le había dicho que regresara y que estaría con él.

Después miró a su familia y a los rebaños.

Cuando había salido de su casa, llevaba muy poco. Ahora tenía mucho que agradecer.

“Dios mío, has sido muy bueno conmigo. Tengo miedo de mi hermano Esaú. Por favor, cuida a mi familia y ayúdame.”

Jacob no tenía que esconderle a Dios lo que sentía.

Podía contarle su miedo y pedirle ayuda.

Jacob ora a Dios junto al rebaño al atardecer
Jacob le contó a Dios lo que sentía.

Aquella noche, Jacob preparó un regalo para Esaú.

Escogió cabras, ovejas, camellos, vacas y burros de sus rebaños.

Los animales irían en varios grupos, uno detrás de otro, dejando espacio entre ellos.

Jacob llamó a los hombres que los llevarían.

“Lleven estos animales a mi hermano Esaú. Díganle que son un regalo de Jacob y que voy detrás de ustedes.”

Quería que su hermano supiera que buscaba la paz.

Los primeros animales comenzaron a caminar.

Las ovejas balaban mientras las cabras seguían el sendero. Más atrás avanzaban los camellos y los otros animales.

Los hombres llevan ovejas, cabras y otros animales como regalo para Esaú
Los regalos fueron delante de Jacob.

Jacob se quedó en el campamento por un tiempo.

Todavía tenía muchas cosas en qué pensar.

Jacob no podía decidir lo que haría Esaú. Pero sí podía acercarse con humildad, cuidar de su familia y pedir ayuda a Dios.

Buscar la paz comienza con reconocer el daño que hemos hecho y tratar al otro con respeto. Los regalos ya iban por el camino. A Jacob todavía le esperaba una noche importante, pero había dado un primer paso para hacer las paces.

Adaptación basada en Génesis 32:1–21

Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 18