Un milagro de Jesús · Parte 20 de 20 · 3 min
Bartimeo llamó a Jesús
Junto al camino cerca de Jericó estaba sentado Bartimeo. Era ciego y pedía ayuda a quienes pasaban.
Un día oyó una multitud. Cuando supo que Jesús iba por allí, comenzó a llamarlo.
Pidió que tuviera compasión de él.
Algunas personas intentaron hacerlo callar. Pero Bartimeo siguió pidiendo ayuda. Su necesidad era importante, aunque otros no quisieran escucharla.
Jesús se detuvo y pidió que lo llamaran.
Ahora las personas le dijeron que se animara y se levantara, porque Jesús lo estaba llamando.
Bartimeo dejó su capa y se acercó a Jesús.

Jesús le preguntó qué quería que hiciera por él.
No habló sobre él como si no estuviera allí. Le dio espacio para expresar su deseo.
Bartimeo pidió poder ver.
Jesús respondió a su confianza, y Bartimeo recuperó la vista.
Bartimeo pudo ver y siguió a Jesús por el camino.
El lugar donde había estado esperando quedó atrás. Ahora avanzaba con la multitud y con una nueva alegría.

Este relato nos enseña a no silenciar a alguien que pide ayuda.
Podemos escuchar antes de decidir lo que otra persona necesita. Si alguien expresa una dificultad, sus palabras merecen atención.
También podemos ayudar a que llegue a un adulto que pueda acompañarlo.
Jesús se detuvo cuando otros querían seguir caminando. Su atención nos muestra cuánto vale cada persona.
Aquí termina nuestra serie de milagros. Podemos volver a leer las historias y recordar lo que tienen en común: Jesús mira con amor, escucha y cuida.
Con su ayuda, nosotros también podemos compartir esa bondad cada día.
Relato basado en Marcos 10:46–52.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 66. Sobre escuchar a quienes piden ayuda. Abrir el libro
