Un milagro de Jesús · Parte 5 de 20 · 3 min
Jesús quiso ayudar
Un hombre tenía una enfermedad de la piel llamada lepra. En aquel tiempo, quienes la tenían debían vivir apartados de muchas otras personas.

Además de sentirse enfermo, podía sentirse muy solo. No era fácil recibir una visita o compartir la vida como antes.
El hombre había oído hablar de Jesús. Se acercó a él y se arrodilló para pedir ayuda.
Le dijo que, si quería, podía sanarlo.
Jesús miró al hombre con compasión.
No lo trató como si hubiera dejado de ser valioso. Extendió la mano y lo tocó.
Jesús le dijo que quería ayudarlo y que quedara limpio de aquella enfermedad.

El hombre quedó sano.
Su enfermedad había desaparecido. Jesús le pidió que se presentara ante el sacerdote y siguiera lo que se indicaba para reconocer su recuperación.

También le pidió que no fuera anunciándolo por todas partes. Pero el hombre estaba tan emocionado que contó lo ocurrido ampliamente.

Muchas personas comenzaron a buscar a Jesús. Por eso él permanecía en lugares más apartados.
El milagro nos muestra un amor que se acerca a quien sufre.
Estar enfermo no hace que una persona valga menos. Tampoco significa que deba recibir burlas o rechazo.
Podemos preguntar qué ayuda necesita una persona enferma y acompañarla con cariño.

Una llamada, un dibujo o una palabra amable pueden ayudar a alguien a sentirse recordado.
Jesús veía al hombre detrás de la enfermedad. Nosotros también podemos mirar a cada persona con respeto y cariño.
Jesús cuida y ayuda, y podemos compartir su bondad.
Relato basado en Marcos 1:40–45.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 27. Abrir el libro
Para conversar en familia
- Compasión
- Respeto
- Cuidado
Versículo para memorizar
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”
Mateo 5:7RVR1960
- ¿Cómo trató Jesús al hombre que llegó a pedirle ayuda?
- ¿Cómo puede sentirse una persona enferma cuando pasa mucho tiempo sola?
- ¿Qué mensaje amable podrías enviar a alguien que no puede visitarte?
Actividad · 2–5 minutos
Un saludo que acompaña
Piensen en alguien que podría agradecer un saludo. Inventen juntos un mensaje breve que diga que lo recuerdan y le desean compañía. Un adulto puede ayudar a enviarlo; también pueden decirlo en voz alta sin usar un teléfono.
Para practicar hoy: Estar enfermo no hace a nadie menos valioso ni menos digno de amistad.
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Sopa de letras
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