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Un milagro de Jesús · Parte 3 de 20 · 4 min

Levántate y camina

En Jerusalén había un estanque llamado Betesda. Cerca del agua había personas enfermas que esperaban recibir ayuda. Se creía que un ángel bajaba y agitaba el agua, y que la primera persona que entraba después quedaba sanada. Por eso muchos miraban el estanque con esperanza.

Muchas personas enfermas esperaban junto al estanque de Betesda.
Muchas personas enfermas esperaban junto al estanque de Betesda.

Entre ellas estaba un hombre que llevaba treinta y ocho años sin poder caminar como deseaba. Su espera había sido muy larga.

Jesús llegó al estanque y vio al hombre sobre su estera.

No lo miró como si fuera una molestia. Conocía su necesidad y se acercó para hablar con él.

Le preguntó si quería estar sano.

El hombre explicó que no tenía a nadie que lo ayudara a llegar al agua. Mientras intentaba acercarse, otro llegaba antes.

Jesús habla con un hombre acostado en una estera cerca de Betesda.
Jesús se acercó al hombre que esperaba junto al estanque.

Jesús no le pidió que corriera hacia el estanque.

Le indicó que se levantara, tomara su estera y caminara.

El hombre recibió fuerza y pudo ponerse de pie. Después de tantos años, sus piernas lo sostenían.

El hombre tomó su estera y comenzó a caminar.

Un hombre camina junto al estanque llevando su estera enrollada.
El hombre pudo caminar y llevar su estera.

Qué distinto era ahora llevar aquello que antes había sido su lugar de espera.

Era sábado, el día de descanso. La ley indicaba que no se debía hacer el trabajo de cada día en sábado. Algunos fariseos consideraban que llevar una estera era trabajar. Por eso discutieron con el hombre. Pero él sabía que quien lo había sanado le había indicado hacerlo.

Los fariseos cuestionaron al hombre por llevar su estera en sábado.
Los fariseos cuestionaron al hombre por llevar su estera en sábado.

Más tarde volvió a encontrarse con Jesús. Su vida había recibido una nueva oportunidad.

Este milagro nos ayuda a recordar que Jesús ve a quienes otros pueden pasar por alto.

Si un compañero necesita más tiempo o ayuda para moverse, podemos hacerle espacio. No tenemos que apresurarlo ni burlarnos.

Podemos dar espacio y respetar el paso de los demás.
Podemos dar espacio y respetar el paso de los demás.

Podemos preguntar cómo ayudar y escuchar su respuesta. Cada persona merece respeto, compañía y cuidado.

Jesús cuida y ayuda, y podemos compartir su bondad.

Relato basado en Juan 5:1–15.

Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 21. Abrir el libro

Para conversar en familia

  • Compasión
  • Respeto
  • Esperanza

Versículo para memorizar

“todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos;”

Mateo 7:12 · fragmentoRVR1960

  1. ¿Qué llevó el hombre consigo después de que Jesús lo ayudó?
  2. ¿Cómo pudo sentirse al descubrir que Jesús se interesaba por él?
  3. ¿Cómo puedes hacer espacio para alguien que necesita más tiempo para moverse?

Actividad · 2–5 minutos

Un camino con espacio

Observen un lugar de la habitación por donde suelen caminar. Pregunten a un adulto si hay juguetes que puedan guardar para dejar libre el camino, sin correr ni mover muebles pesados. Practiquen preguntar «¿Cómo puedo ayudarte?» antes de decidir lo que otra persona necesita.

Para practicar hoy: Puedo hacer espacio, esperar y preguntar antes de ayudar.

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Laberinto

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