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Un milagro de Jesús · Parte 4 de 20 · 3 min

Una red llena de peces

Pedro y sus compañeros habían trabajado durante la noche en el lago. Eran pescadores y conocían sus redes.

Pero aquella noche no habían conseguido peces. Al llegar la mañana, estaban junto a sus barcas, lavando las redes.

Muchas personas se acercaron para escuchar a Jesús. Él subió a la barca de Pedro y le pidió que la apartara un poco de la orilla.

Desde allí enseñó a la gente.

Después le indicó a Pedro que llevara la barca a un lugar profundo y echara las redes.

Pedro recordó la noche de trabajo sin resultado. Sin embargo, decidió hacerlo porque Jesús se lo había pedido.

Pedro y sus compañeros echaron las redes al agua.

Jesús y Pedro están en una barca mientras los pescadores bajan una red.
Pedro escuchó a Jesús y volvió a echar las redes.

Entonces sucedió algo extraordinario. La red se llenó de tantos peces que comenzó a romperse.

Los pescadores hicieron señas a sus compañeros para que los ayudaran. La otra barca se acercó.

Las dos barcas quedaron llenas de peces.

Pedro estaba asombrado. Reconoció que estaba delante de alguien mucho más grande que él y habló con humildad.

Jesús no lo alejó. Le dijo que no tuviera miedo. Lo invitó a una nueva tarea: ayudar a otras personas a conocer a Dios.

Dos barcas reciben una abundante pesca mientras los pescadores trabajan juntos.
Los compañeros ayudaron con la gran pesca.

Cuando llegaron a tierra, Pedro y sus compañeros dejaron sus barcas y siguieron a Jesús.

Esta historia nos recuerda que podemos aprender y escuchar, incluso después de un intento difícil.

También muestra el valor de pedir ayuda. Una red tan llena necesitaba varias manos.

Cuando una tarea es grande, podemos trabajar juntos. Compartir el esfuerzo puede convertirse en una alegría para todos.

Jesús cuida y ayuda, y podemos compartir su bondad.

Relato basado en Lucas 5:1–11.

Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 25. Abrir el libro