Parábola de Jesús · Parte 16 de 20 · 3 min
El granero que nunca era suficiente
Un día, Jesús contó una historia sobre un hombre rico que había recogido una cosecha enorme.
Tenía tanto grano que no cabía en sus graneros. Se preguntó qué podía hacer.
¿Pensaría en quienes tenían hambre? ¿Compartiría algo de lo que había recibido?
El hombre decidió construir graneros más grandes.
Derribaría los que tenía y guardaría allí toda su cosecha y sus bienes.

Después pensó que tendría suficiente para muchos años. Podría descansar, comer y disfrutar sin preocuparse.
Sus planes estaban llenos de cosas, pero había olvidado algo importante.
Aquella noche Dios le mostró que su vida terminaría. Todo lo que había guardado no podía darle más tiempo para vivir.
¿Para quién quedarían sus riquezas?
El hombre pensaba solamente en sus tesoros.

Jesús advirtió que no debemos acumular para nosotros y olvidar a Dios.
No dijo que tener comida guardada o cuidar nuestras cosas fuera malo. Lo triste era vivir solamente para tener más.
La vida vale mucho más que las cosas.
Tu familia, tus amigos, las personas que necesitan ayuda y el amor de Dios son importantes.
Cuando recibimos algo bueno, podemos agradecerlo. También podemos pensar cómo compartir.
Quizá tienes ropa que ya no usas. Un adulto puede ayudarte a prepararla para alguien que la necesita.
Quizá hay un juguete que otro niño puede disfrutar contigo. Podemos hacerle un lugar en nuestro juego.
Ninguna bolsa de monedas reemplaza un corazón que ama.
Jesús nos invita a cuidar lo que tenemos sin olvidar para qué puede servir: alimentar, acompañar y hacer el bien.
La alegría de compartir puede ser más grande que la alegría de guardar todo para nosotros.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Lucas 12:13–21.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 20: El mayor peligro del hombre. Leer la referencia