Parábola de Jesús · Parte 10 de 20 · 3 min
La perla más hermosa
Jesús contó la historia de un comerciante que buscaba perlas hermosas.
El comerciante conocía su trabajo. Miraba las perlas con cuidado y sabía reconocer las que tenían gran valor.
Había visto muchas, de distintos tamaños y formas. Pero siguió buscando.
Un día encontró una perla extraordinaria.
El comerciante observó aquella perla hermosa.
Era tan valiosa que comprendió que no necesitaba seguir buscando otra mejor.

Fue a vender todo lo que tenía.
Con lo que consiguió, compró aquella perla. Había elegido lo más valioso que había encontrado.
La perla era su gran alegría.

Jesús comparó el reino de los cielos con esta historia.
Conocerlo y recibir su amor vale más que cualquier riqueza. Él puede darnos algo que una moneda no puede comprar: su compañía, su perdón y una vida guiada por su amor.
Quizá tienes un juguete que te gusta muchísimo. Es bueno cuidarlo y disfrutarlo.
Pero si un día se rompe, tú sigues siendo valioso. Y el amor de Jesús sigue contigo.
El comerciante sabía reconocer el valor de la perla. Nosotros podemos aprender a reconocer lo valioso que es Jesús.
Cuando escuchamos cómo trataba a los niños, cómo ayudaba a los enfermos y cómo perdonaba, descubrimos su corazón.
No tenemos que pagarle para que nos ame. Nos recibe porque nos quiere.
Podemos responder confiando en él y eligiendo el bien, aunque a veces eso signifique dejar algo que nos gustaría hacer.
Ninguna cosa bonita reemplaza a una persona que nos ama de verdad. Y Jesús nos ama con un amor que no se termina.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Mateo 13:45–46.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 9: La perla de gran precio. Leer la referencia