La creación · Historia 6 · 5 min
Adán abre los ojos
La tierra ya tenía plantas, aves, peces y animales. En el sexto día, Dios creó también al ser humano. La Biblia dice que lo hizo a su imagen. Las personas tendrían un lugar especial y una responsabilidad dentro de la creación.
Génesis cuenta de cerca aquel comienzo: Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida. Entonces el hombre llegó a ser un ser viviente. Su vida era un regalo de Dios.
Podemos imaginar la primera respiración de Adán y sus ojos abriéndose ante un mundo que nunca había visto. Había colores, formas y sonidos por descubrir. No había comprado aquel regalo ni había tenido que ganárselo.

Dios había plantado un jardín en Edén y puso allí al hombre. Hizo crecer árboles agradables a la vista y buenos para comer. Adán recibió un hogar lleno de belleza y de alimento.
Un río salía de Edén para regar el jardín. Podemos imaginar a Adán junto al agua, mirando cómo corre entre la vegetación. Cada rincón le ofrecía algo nuevo que conocer, y todo le recordaba el cuidado del Creador.

Dios puso al hombre en el jardín para que lo cultivara y lo cuidara. No era un lugar para usar sin pensar. Era un hogar vivo que podía recibir atención y trabajo útil.
Aquella ocupación era una bendición. Adán podía disfrutar de lo que Dios había hecho y participar en su cuidado. Trabajar con las manos también podía ser motivo de alegría.
Dios le permitió comer de los árboles del jardín, pero le dio una indicación clara acerca del árbol del conocimiento del bien y del mal: no debía comer de él. En medio de tantos regalos, Adán también estaba aprendiendo a confiar y obedecer.

La Biblia no cuenta cada conversación ni cada paso de aquel primer día. Sí nos muestra algo importante: Adán no era una cosa abandonada en un lugar extraño. Había recibido vida, un hogar, alimento y una tarea.
Nosotros también podemos cuidar algo que tenemos cerca. Un niño puede ayudar a regar, recoger lo que usó o tratar con suavidad una planta. No necesita hacerlo todo solo: puede aprender acompañado y pedir ayuda.
El valor de una persona no depende de cuánto pueda hacer. Adán era valioso porque Dios lo había creado y amado. Ese mismo cuidado nos invita a mirar con respeto a cada persona, grande o pequeña.
Adán estaba vivo y tenía un hermoso hogar. Pero Dios todavía tenía preparado otro regalo para él: alguien con quien compartirlo. La historia del sexto día aún no había terminado.
Adaptación basada en Génesis 1:26–28; 2:7–17
Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 2: La creación.
Para conversar en familia
- Responsabilidad
- Respeto
- ¿Cómo recibió Adán la vida y su hogar?
- ¿Qué tarea le confió Dios en el jardín?
- ¿Qué podemos hacer para cuidar algo que tenemos cerca?
Actividad · 2–5 minutos
Una pequeña tarea de cuidado
Elijan una planta o un objeto de la casa. Pregunten a un adulto qué necesita y cómo cuidarlo. El adulto muestra una tarea sencilla, como regar una planta o guardar un juguete. Háganla juntos y comenten cómo su ayuda cuida lo que recibieron.
Para practicar hoy: Puedo agradecer lo que recibo y aprender a cuidarlo con ayuda.
Más historias con estos valores
Stickers
Abre la actividad interactiva o prepara la hoja imprimible para casa, clase o familia.
Abrir actividad →