David: del rebaño al reino · Parte 13 de 20 · 4 min
Un rey que aprende a esperar
Llegó una noticia dolorosa: Saúl y Jonatán habían muerto en la guerra. David había sufrido por la persecución de Saúl, pero no celebró su muerte. Rasgó su ropa como señal de tristeza, y sus hombres compartieron aquel duelo.
Durante aquel día lloraron y ayunaron por Saúl, por Jonatán y por los israelitas que habían caído. David podía reconocer el daño que había recibido y, al mismo tiempo, sentir aquella tristeza.

Jonatán había sido su amigo querido. Habían hecho promesas y se habían despedido sin saber cuándo volverían a verse. Ahora David no podría encontrarlo de nuevo en el campo.
David compuso un canto de lamento por Saúl y Jonatán. Recordó su valor y expresó cuánto extrañaba a su amigo. Quiso que los habitantes de Judá aprendieran aquel canto para recordar a Saúl y Jonatán. Había cosas importantes que decir antes de pensar en los pasos que vendrían después.
Luego consultó a Dios si debía ir a alguna de las ciudades de Judá. No quiso decidirlo solamente por su deseo de llegar al trono. Recibió la indicación de ir a Hebrón y preparó el viaje con su familia y sus hombres.

En Hebrón llegaron los hombres de Judá y ungieron a David como su rey. Habían pasado años desde que Samuel había derramado aceite sobre su cabeza en la casa de Isaí. Ahora comenzaba una responsabilidad nueva, pero todavía no gobernaba todo Israel.
David permaneció en Hebrón durante siete años y seis meses. El camino hacia un reino unido no fue rápido ni fácil. Hubo desacuerdos y conflictos. La promesa de su juventud no convertía la espera en una fila corta y tranquila.
Durante aquellos años, tenía personas que dirigir y decisiones que tomar. Debía atender la responsabilidad que ya tenía, aunque aún no hubiera llegado el día en que todas las tribus lo reconocieran.

Finalmente, representantes de todas las tribus de Israel vinieron a Hebrón. Recordaron que David los había guiado cuando Saúl era rey y reconocieron la tarea que Dios le había dado: cuidar y dirigir a su pueblo como un pastor.
David hizo un pacto con los ancianos delante de Dios. Entonces lo ungieron rey sobre todo Israel. No era el muchacho que había corrido desde el campo para encontrarse con Samuel. Era un hombre que había atravesado muchos años de preparación.
Más tarde, Jerusalén llegó a ser su ciudad real. David comprendió que Dios había afirmado su reino por amor a su pueblo. La corona no debía servir solo para hacerlo importante: llevaba la responsabilidad de buscar el bien de muchas personas.

El pastor de Belén había llegado al trono, pero su historia no había terminado. Todavía necesitaría escuchar, aprender y aceptar corrección. Esperar había sido parte del camino; ahora debía usar su autoridad recordando a quienes estaban bajo su cuidado.
Basado en 2 Samuel 1:11-12,17-27; 2:1-4; 5:1-12 · Patriarcas y profetas, 69.
Para conversar en familia
- Paciencia
- Humildad
- Responsabilidad
Versículo para memorizar
“Y entendió David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel”
2 Samuel 5:12 · fragmentoRVR1960
- ¿Cómo respondió David a la noticia de las muertes?
- ¿A qué ciudad fue después de consultar a Dios?
- ¿Gobernó todo Israel desde su primer día en Hebrón?
Actividad · 2–5 minutos
Cuidar mientras esperamos
Siembren con un adulto una semilla en un recipiente seguro con tierra. Humedézcanla según lo que necesite y coloquen una etiqueta con la fecha. Decidan una tarea de cuidado para cada día. Observen juntos: esperar también puede incluir trabajo atento y constante.
Para practicar hoy: Mientras esperas una oportunidad, cuida la responsabilidad que ya tienes.
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Actividades de esta historia
Juega en línea o imprime materiales para casa, clase y familia.