Historia bíblica · Parte 7 de 12 · 4 min
Siete años y una promesa rota
Jacob había prometido trabajar siete años para Labán porque quería casarse con Raquel. Ahora debía cumplir su palabra.
Siete años era mucho tiempo.
Jacob trabajó cuando hacía calor y cuando hacía frío. Cuidó las ovejas y vio crecer a los pequeños corderos.
Pasó un año.
Después otro.
Y otro más.
Pero Jacob quería tanto a Raquel que aquellos años le parecieron cortos.

Cuando terminó los siete años, habló con Labán.
“He cumplido mi promesa. Ahora quiero casarme con Raquel.”
Labán preparó una gran celebración. Invitó a las personas del lugar, y todos se reunieron.
Jacob estaba feliz.
Pero Labán no cumplió lo que habían acordado.
En vez de Raquel, hizo que Jacob se casara primero con Lea. Jacob no se dio cuenta del engaño hasta la mañana siguiente.
Fue a buscar a su tío.
“¿Por qué me has engañado? ¡Yo trabajé para casarme con Raquel!”

Jacob estaba triste y enojado.
Ahora sabía cuánto dolía que alguien lo engañara.
Labán le respondió:
“Aquí acostumbramos que la hermana mayor se case primero.”
Pero no se lo había dicho cuando hicieron la promesa.
Labán debió hablar con la verdad desde el principio.
Entonces le hizo otra propuesta.
“Cuando termine esta semana de celebración, podrás casarte también con Raquel. Pero tendrás que trabajar para mí otros siete años.”
En aquella época, algunos hombres tenían más de una esposa. Así ocurrió en la familia de Jacob.
Jacob aceptó el nuevo acuerdo.
Al terminar la semana, se casó también con Raquel. No tuvo que esperar otros siete años para la boda. Trabajaría esos siete años después.
Jacob estaba feliz de estar con Raquel.

Pero Lea también tenía sentimientos y merecía que la trataran con cariño y respeto.
Los engaños habían traído tristeza a aquella familia.
Jacob todavía tenía mucho que aprender. Debía decir la verdad, cumplir sus promesas y cuidar a los demás.
Su viaje había comenzado con miedo. Ahora tenía un hogar y una familia que cuidar.
Y, aunque habían pasado muchos días desde aquella noche bajo las estrellas, podía recordar la promesa de Dios:
“Estoy contigo. No te abandonaré.”
Adaptación basada en Génesis 29:20–30
Lectura complementaria: Patriarcas y profetas, Elena G. de White, capítulo 17

