Siguiendo a Jesús · Parte 39 de 40 · 3 min
Una misión para compartir su amor
Después de su resurrección, Jesús se reunió con sus seguidores en una montaña de Galilea. Ellos lo adoraron, aunque algunos todavía tenían dudas.
Los amigos subieron al lugar de encuentro.
Jesús les dijo que se le había dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.
Después les dio una misión. Debían ir y hacer discípulos entre todas las naciones.
Su amor no era solo para un pueblo o un grupo. Las personas de todas partes necesitaban escuchar las buenas noticias.

Debían bautizar a las personas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñarles a seguir sus palabras.
La tarea era grande, pero no la harían solos. Jesús prometió estar con ellos siempre, hasta el fin.
“Yo estoy con ustedes siempre.”
Los pájaros cantaban por la ladera.
Su misión comenzaría con personas comunes que confiaban en un Salvador extraordinario.
Podemos compartir su amor donde estamos. Una palabra amable, una respuesta sincera, una mano que ayuda o una historia bíblica pueden señalar el camino hacia él.
Debemos tratar a los demás con respeto, sin obligarlos a creer. Jesús nos llama a compartir buenas noticias con amor paciente.
Su promesa nos da valor: no estamos solos cuando servimos.
Relato basado en Mateo 28:16–20.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 86. Abrir el libro