Siguiendo a Jesús · Parte 23 de 40 · 3 min
Dos pequeñas monedas
Jesús se sentó cerca del lugar donde la gente dejaba sus ofrendas para el templo. Observó a las personas que llegaban y se iban.
Algunas personas ricas daban grandes cantidades. Sus monedas podían hacer mucho ruido al caer en las cajas de las ofrendas.
Las monedas cayeron en el lugar de las ofrendas.
Entonces llegó una viuda pobre. Depositó dos pequeñas monedas de cobre, que valían muy poco en comparación con las grandes ofrendas.
Quizá la mayoría de la gente ni siquiera la había notado. Pero Jesús sí la vio.

Llamó a sus discípulos y les explicó que ella había dado más que los demás.
Las personas ricas habían dado de lo que les sobraba. La viuda había entregado todo lo que tenía para vivir.
Su pequeño regalo mostraba una gran confianza en Dios. Jesús valoraba el amor y el sacrificio que había detrás de él.
La viuda se alejó del lugar de las ofrendas.
No siempre sabemos cuánto le cuesta un regalo a quien lo da. Un regalo pequeño puede llevar mucho amor.
Podemos ser generosos con lo que tenemos: nuestro tiempo, nuestra atención o algo que podamos compartir. También debemos cuidar a quienes tienen muy poco.
Jesús ve el corazón. Ningún regalo de amor es demasiado pequeño para él.
Relato basado en Marcos 12:41–44.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 67. Abrir el libro