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Un milagro de Jesús · Parte 9 de 20 · 3 min

Jesús acompañó a una madre

Jesús caminaba hacia una ciudad llamada Naín. Sus discípulos y muchas otras personas iban con él.

Cerca de la entrada encontraron un grupo que salía de la ciudad. Una madre estaba muy triste. Su único hijo había muerto.

Ella era viuda: su esposo también había muerto. Muchas personas la acompañaban en aquel momento doloroso.

Jesús vio a la madre y sintió compasión.

No siguió de largo como si sus lágrimas no importaran. Se acercó y le habló con ternura.

Después tocó el lugar donde llevaban al joven. Quienes lo cargaban se detuvieron.

Jesús consuela a una madre junto al grupo que acompaña a su hijo cubierto.
Jesús se detuvo junto a la madre que lloraba.

Jesús habló al joven y le indicó que se levantara.

El muchacho recibió vida y comenzó a hablar.

Entonces Jesús lo entregó a su madre. Aquella mujer pudo volver a abrazar al hijo que había perdido.

El joven volvió a estar con su madre.

Las personas quedaron llenas de asombro y alabaron a Dios. Reconocieron que él había venido a ayudar a su pueblo.

La noticia se extendió por los lugares cercanos.

Una madre abraza con alegría a su hijo mientras Jesús está cerca.
La madre volvió a abrazar a su hijo vivo.

Este milagro muestra que Jesús se interesa por nuestro dolor. No se burla de las lágrimas ni se aparta de quien está triste.

Cuando alguien pierde a una persona querida, necesita compañía y tiempo. Podemos escuchar, llevar un dibujo o sentarnos cerca.

La esperanza de Jesús nos acompaña también cuando seguimos extrañando a alguien. Podemos compartir esa esperanza y acompañar con amor.

Si tú estás triste, puedes hablar con alguien que te cuide. Tus sentimientos importan, y no necesitas esconderlos para ser amado.

Jesús cuida y ayuda, y podemos compartir su bondad.

Relato basado en Lucas 7:11–17.

Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 32. Abrir el libro