Un milagro de Jesús · Parte 8 de 20 · 3 min
La confianza del centurión
En Capernaúm había un centurión, un oficial del ejército romano. Uno de sus siervos estaba muy enfermo, y él se preocupaba por su sufrimiento.
El centurión pidió ayuda para acercar su necesidad a Jesús. Algunos dirigentes del lugar hablaron bien de él porque había ayudado a su comunidad.
Jesús comenzó a caminar hacia la casa.
Pero el centurión envió un mensaje. No se consideraba digno de recibirlo bajo su techo. Creía que bastaba una palabra de Jesús para sanar al siervo.
Sabía lo que era dar una orden. Cuando indicaba algo a sus soldados, ellos respondían.
Confiaba en que Jesús tenía una autoridad mucho mayor.

Jesús se maravilló de aquella confianza. La encontró en un hombre que no pertenecía al pueblo judío.
Su amor y su ayuda no estaban encerrados dentro de una sola familia o nación.
Los enviados regresaron a la casa.
Encontraron sano al siervo que había estado enfermo.
La preocupación del centurión recibió una respuesta que llenó la casa de alegría.

Esta historia nos muestra una confianza humilde. El centurión tenía autoridad, pero no trató de dar órdenes a Jesús.
Pidió ayuda y reconoció su bondad.
También nos recuerda que podemos preocuparnos por quienes trabajan o sirven a nuestro lado. Ninguna persona es solamente una tarea que debe cumplirse.
Podemos aprender los nombres de quienes nos ayudan, agradecerles y tratarlos con respeto.
Jesús recibió aquella petición con amor. Nosotros podemos escuchar las necesidades de otros sin preguntar primero si son de nuestro grupo.
Jesús cuida y ayuda, y podemos compartir su bondad.
Relato basado en Lucas 7:1–10; Mateo 8:5–13.
Lectura complementaria: El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 32. Abrir el libro
