Parábola de Jesús · Parte 13 de 20 · 3 min
La viuda que no se rindió
Jesús quería enseñar a sus amigos a seguir orando y no desanimarse. Les contó una historia sobre una viuda y un juez.
La viuda era una mujer cuyo esposo había muerto. Alguien estaba tratándola injustamente, y ella necesitaba que el juez la ayudara.
Pero aquel juez no respetaba a Dios ni se preocupaba por las personas.
La mujer llegó para pedir justicia.
La viuda pidió al juez que la ayudara.
El juez no quiso atenderla. Ella tuvo que volver otra vez.

La mujer siguió presentando su petición.
No dejó de pedir que se hiciera lo correcto. Su necesidad seguía siendo importante, aunque el juez quisiera ignorarla.
Finalmente, el juez decidió ayudarla porque ella continuaba viniendo.
El juez escuchó su petición.

Jesús no estaba diciendo que Dios fuera como aquel juez indiferente.
Al contrario: si hasta ese hombre terminó atendiendo a la mujer, ¡cuánto más podemos confiar en nuestro Padre, que nos ama!
Dios se interesa por las personas que sufren injusticias. Podemos seguir hablando con él, incluso cuando parece que la respuesta tarda.
Esperar puede ser difícil. Podemos decirle cómo nos sentimos.
Y mientras oramos, también podemos hacer lo bueno y buscar ayuda.
Si alguien te trata mal, cuéntaselo a un adulto de confianza. Si el primero no escucha, habla con otro. No tienes que resolverlo solo.
La oración no significa quedarnos quietos frente al daño. Podemos pedir a Dios valor y sabiduría para buscar protección.
Jesús nos invitó a conservar la confianza.
Nuestro Padre escucha. Sus tiempos no siempre son los que imaginamos, pero su amor no se distrae ni se olvida de nosotros.
Jesús nos cuenta una historia, y su amor nos acompaña.
Adaptación de Lucas 18:1–8.
Apoyo: Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 14: La fuente del poder vencedor. Leer la referencia