David: del rebaño al reino · Parte 7 de 20 · 4 min
Un refugio para acompañarse
David había dejado atrás el palacio y muchos lugares conocidos. Ahora buscaba refugio lejos de Saúl. Llegó a la cueva de Adulam, un lugar entre las rocas donde podía detenerse sin volver a ponerse al alcance del rey.
David no sabía cuánto tiempo tendría que seguir huyendo. El muchacho ungido por Samuel todavía no era rey; necesitaba esperar, pensar y buscar dirección para continuar.

Pronto su familia supo dónde estaba. Sus hermanos y los demás de la casa de su padre fueron a reunirse con él. David ya no estaba solo en aquel refugio. Las personas conocidas llegaban para compartir una etapa incierta.
También comenzaron a acercarse otros hombres. Algunos sufrían dificultades; otros tenían deudas o estaban descontentos. No llegaban porque sus vidas fueran fáciles. Habían oído hablar de David y buscaban reunirse alrededor de él en medio de sus problemas.
Eran personas con necesidades distintas, y no todo podía hacerse de cualquier manera. David se convirtió en su jefe. Aproximadamente cuatrocientos hombres se reunieron con él. Acompañarse también significaba aprender a vivir juntos y aceptar responsabilidades en aquel grupo.

El lugar que había recibido a un fugitivo se convirtió en refugio para muchos. Había familias por cuidar, provisiones que organizar y decisiones que tomar. David empezaba a dirigir personas antes de tener un trono o un palacio propio.
Entre quienes necesitaban especial atención estaban su padre y su madre. No bastaba pensar en lo que él podía soportar. Debía considerar también dónde podían vivir ellos durante aquel tiempo y qué ayuda podía buscar para que estuvieran protegidos.
David viajó a Moab y habló con su rey. Le pidió que permitiera quedarse allí a sus padres hasta que supiera qué haría Dios con él. Aun sin conocer el final, podía ocuparse de una necesidad que tenía delante.

Sus padres permanecieron en Moab mientras David estaba en su refugio. Cuidar a la familia formaba parte de aquella espera. La confianza no lo dejaba quieto sin hacer nada: lo ayudaba a buscar una solución para quienes dependían de él.
Después, el profeta Gad le dio una indicación. David no debía continuar en aquel refugio, sino ir a la tierra de Judá. Había llegado el momento de dejar el lugar que por un tiempo les había servido de protección.
David escuchó y se puso en marcha. Fue al bosque de Haret, en Judá. La cueva no sería su casa para siempre. Tenía que continuar aprendiendo a guiar al grupo y a seguir la dirección que recibía de Dios.

Adulam quedó como parte de su camino: una etapa difícil en la que no tuvo que permanecer aislado. Allí llegaron su familia y personas necesitadas. En medio de la incertidumbre, encontrar compañía y cuidar de otros les permitió seguir adelante.
Basado en 1 Samuel 22:1-5 · Patriarcas y profetas, 64.
Para conversar en familia
- Cooperación
- Esperanza
- Cuidado
- ¿Quiénes fueron a reunirse con David en Adulam?
- ¿Qué ayuda buscó David para sus padres?
- ¿Qué hizo cuando Gad le indicó que saliera?
Actividad · 2–5 minutos
Un rincón para acompañarse
Preparen juntos un rincón tranquilo con una manta en el piso, libros y agua servida por un adulto. Cada persona aporta algo útil. Siéntense unos minutos y pregunten quién necesita compañía hoy. Elijan una manera sencilla de acompañarlo dentro de casa.
Para practicar hoy: Puedes compartir una tarea y hacer espacio para alguien que necesita compañía.
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Actividades de esta historia
Juega en línea o imprime materiales para casa, clase y familia.