David: del rebaño al reino · Parte 8 de 20 · 4 min
David elige no hacer daño
David seguía huyendo de Saúl. Con sus hombres se encontraba entre las cuevas y las rocas de En-gadi. Aquel terreno podía ofrecer escondites, pero no hacía desaparecer el peligro. El rey todavía lo buscaba con muchos soldados a su lado.
Cuando Saúl supo dónde estaba David, salió a perseguirlo. Durante el camino entró solo en una cueva. No sabía que, en el fondo, David y sus hombres permanecían escondidos. De pronto, el perseguidor quedó muy cerca de quienes buscaba.

Los compañeros de David vieron una oportunidad. Pensaron que aquel era el momento de acabar con su enemigo. Ahora alentaban a David a usar su ventaja contra el rey que los perseguía.
David se acercó sin ser visto y cortó una pequeña esquina del manto de Saúl. Después retrocedió. Tenía en la mano una prueba de lo cerca que había estado, pero su conciencia comenzó a molestarlo por aquel acto de falta de respeto.
David sabía que Saúl había sido ungido como rey. No quería tomar el reino matándolo ni permitir que sus hombres lo hicieran. Aunque lo perseguían injustamente, tenía que decidir qué haría él con el poder que tenía en ese momento.

Pidió a sus compañeros que se detuvieran. No debían hacer daño al rey. Saúl salió de la cueva sin saber lo ocurrido y continuó su camino. David lo dejó alejarse antes de salir también a la luz del día.
Desde una distancia segura, David llamó a Saúl y se inclinó con respeto. El rey se volvió para escucharlo. David mostró el trozo de tela: había podido acercarse, pero no había querido quitarle la vida cuando estaba indefenso.
David le preguntó por qué escuchaba a quienes decían que deseaba dañarlo. El pequeño pedazo del manto mostraba otra cosa. No estaba buscando destruir al rey. Pedía que Dios juzgara lo que estaba sucediendo entre los dos hombres.

No negó el peligro ni fingió que todo había estado bien. Explicó su decisión y mantuvo la distancia. Respetar una vida no lo obligaba a volver al alcance de quien llevaba tiempo persiguiéndolo para hacerle daño.
Saúl reconoció la voz de David y comenzó a llorar. Admitió que David lo había tratado mejor de lo que él lo había tratado. También reconoció que un día llegaría a ser rey. Por un momento, pudo nombrar la bondad recibida.
El rey pidió que David no destruyera a su familia cuando llegara ese tiempo. David se lo prometió. Luego Saúl regresó a su casa.

David y sus hombres volvieron a su refugio. Había elegido no vengarse y también seguir protegido. En la mano había sostenido un pequeño trozo de tela; en sus decisiones mostró que podía detenerse, hablar con respeto y conservar una distancia segura.
Basado en 1 Samuel 24 · Patriarcas y profetas, 65.
Para conversar en familia
- Dominio propio
- Compasión
- Respeto
- ¿Qué querían que hiciera David sus compañeros?
- ¿Qué mostraba el pequeño trozo del manto?
- ¿Por qué David volvió al refugio después de hablar?
Actividad · 2–5 minutos
Una pausa segura
En familia, dibujen una mano abierta en una hoja. En los dedos escriban con ayuda cinco opciones cuando aparece el enojo: parar, respirar, alejarse, pedir ayuda y hablar. Practiquen con una situación pequeña, como esperar turno para escoger un cuento juntos.
Para practicar hoy: Puedes evitar hacer daño y buscar protección; no tienes que acercarte a quien te pone en peligro.
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Actividades de esta historia
Juega en línea o imprime materiales para casa, clase y familia.